viernes, 3 de febrero de 2017

Saturado…

Por Fernando Luis Rojas

… así me he sentido en los últimos días, en medio de las veleidades de las redes; al menos, de la parte que se gestiona desde (espacio físico) – o sobre (ámbito temático) – Cuba. Estar fuera de la isla por unos meses me ha hecho habitar, por razones geográficas y posibilidades tecnológicas, más en el espacio virtual que en las calles de mi país. Ya sabemos que no son terrenos “cerrados”: hay quienes en Cuba viven en realidad virtual aunque no tengan conectividad, y viceversa.

            Punto de saturación:

            Pensar que el verticalismo de la política estatal de información; los vacíos legales; las limitaciones e inconsistencias de la “prensa libre” del capitalismo; y la falta de contenido que define “lo público”, “lo privado”, “lo grupal”, “lo gremial”, “lo comunitario”, “lo oficial”, “lo institucional” y “lo popular” influyen por separado, es una de las mayores expresiones de una idealismo decimonónico alemán grande, entre otras cosas por eso, por ser decimonónico y alemán.
             No había sentido un regreso a la pureza reaccionaria como el de los últimos días. Un purismo que comienza, precisamente, en que cada contendiente quiere presentarse como tal. Que la sociedad cubana – en lo económico, político, comunicativo, en las relaciones familiares – no es profundamente democrática me parece una certeza. Al menos, desde mi punto de vista, que toma como horizonte de comparación el “deber ser del socialismo” y en un criticable acto de abstracción para algunos, elude comparaciones hechas para “encajar” utilitariamente sobre la libertad de hacer periodismo en Cuba o México.
            ¿Hay alguna forma de demostrar que en Fulano pesa más el verticalismo estatal, o en Mengano lo hace el paradigma de la “prensa libre”? Por ahora sólo tenemos las confesiones de fé de los protagonistas. A mí – desgraciadamente en este estatus de analfabetismo en teorías de la comunicación – algunos discursos críticos de la política estatal me suenan particularmente autoritarios y verticales, portadores de una “verdad inamovible”; y otros, presentados como “revolucionarios”, me suenan significativamente retardatarios y en esencia, antisocialistas.
            A todo ello sumemos, que en el sentido común y en la vida cotidiana de la gente hay problemas mucho más apremiantes. No se trata de eludir los posicionamientos, desacuerdos, filiaciones, contenidos, financiamientos; creo debemos partir de transparentar todo esto. Pero en ese “purismo” queremos pasar por una o varias cosas, y no por lo que somos realmente. Y queremos absolutizar el periodismo como la expresión mejor del dinamismo político en la isla. Siempre ha sido un problema para mí identificar las fronteras entre actividad profesional y política, quizás deba sacudirme aun el impacto de Marx con El señor Vogt. Aunque no estoy muy dispuesto a ello.
            Lo que podría ser una identidad gremial, sufre ahora una crisis de identidad por sobreproducción, que parece derivar – para este lector – en una pugna por arrebatar espacios. Puede entenderse entonces, que en mi condición de “individuo potencialmente conquistable” me sienta saturado.
                Me disculpo. En el matiz que han tomado las discusiones, se me pasa en un día. Y siempre queda el aliento de ese título de Julito: “No quiero saber nada de Industriales ni de Obama”

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