miércoles, 21 de junio de 2017

Declaración de los blogueros cubanos

Cuba existe también en la blogosfera. Es el testimonio cotidiano y el pensamiento libre de una nación y de un pueblo en toda su variopinta cultura de resistencia y de vida. Justamente por ese patriotismo que nos identifica como comunidad, es que denunciamos las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos por ofensivas e insultantes con nuestro pueblo. Trump frena, retrocede, se descoloca en la historia, asume la peor de las posiciones y lo hace rodeado de sujetos con un amplio prontuario criminal.
Los blogueros cubanos que suscribimos esta declaración, así como en su momento, seguimos y animamos el acercamiento entre las dos naciones, a pesar de sus diferencias, rechazamos la vuelta al discurso ofensivo y la política de las cavernas, tantas veces derrotada; reprobamos toda intención de fuerza contra la Isla, al tiempo que descalificamos a terroristas y políticos tramposos como interlocutores válidos para los cubanos.
El presidente Trump ha de saber que su mandato no se extiende a Cuba y sus ofensas en el show de la “era del hielo” solo sirven para reforzar el sentimiento antiimperialista, como una razón más de unidad.
El trazo del camino seguido, y las cualidades de la rueda que le transita, son legítimos por la génesis popular que le dio vida, sin presión de ningún tipo, forjada desde el pueblo al que pertenecemos, y al cual se debe nuestro relato- sorprendente e impetuoso- de la vida tenaz en esta tierra, que lucha día a día por una sociedad y un mundo mejor.
Quienes deseen sumarse a esta declaración lo pueden hacer a través de las diversas plataformas de Redes Sociales donde ha sido publicado o, reblogueándola en sus páginas personales.
Silvio Rodriguez: Segunda Cita 
Enrique Ubieta:  La Isla Desconocida
Iroel Sánchez: La Pupila Insomne
Rafael Cruz: Turquinauta 
Karina Marron: Espacio Libre de Cuba
Manuel Lagarde: Cambios en Cuba
Jorge Á Hernández Pérez: Ogun cubano  
Daniel Guerra: Sin Oropel ni Garufa
Jorge Jeréz: Jorgito por Cuba
Luís E Ruíz Martínez: Visión desde Cuba
Tamara Vazquez López: Recetas naturales de la abuela cubana
Julio César Moreno:  Kokacub@ 
Carlos García: CubaEconomía
Norelis Morales: Islamia 
Daniel Guerra: Sin Oropel ni Garufa 
Elier Ramirez Cañedo: Dialogar Dialogar
Raiza Martín Lobo: La Guantanamera 
Daynet Rodriguez Sotomayor: Mundo en Crisis
Roberto Suarez: Cuba en Fotos
Daylin sordo Peláez: Cuando nadie me ve 
Istvan Ojeda Bello: CubaIzquierda
Mary Romero Aragón: Fomento en Vivo
Aday del Sol: Latidos de Cuba
Bertha Mojena. Mis Apuntes desde Cuba
Dailin Sánchez Lemus: Patria y Amor
Yusley Izquierdo Sierra: La vuelta abajo 
Andrés Marí:  Viviendo sin espantarse
Eugenio Cruz Ventana Cubana
Carmen Luisa Hernández: La Mariposa Cubana

martes, 30 de mayo de 2017

Nuestro pan de cada día

Por Carlitos

Mientras esperaba por una cola el fin de semana, escuché la conversación de dos jóvenes sobre acontecimientos políticos relevantes para Cuba: la victoria de Trump, la partida de Fidel, las elecciones de 2018. Ante cada comentario de uno de ellos, el otro respondía: "y eso, brother, a mí ¿cómo me afecta?".

La conversación (triste podría decir), refleja un panorama que cada vez se muestra más ante nuestros ojos: la desconexión entre la vida privada de los ciudadanos y la vida política de la nación. ¿Cuán despolitizados estamos o cuánto nos estamos despolitizando? ¿Cuán dañino puede ser para una sociedad que quiere construir el socialismo la despolitización de la vida de los ciudadanos?

Respecto a la primera pregunta, aun sin datos que puedan mostrarlo, se pueden marcar tendencias inequívocas que ya tienen larga data: la disminución en la membresía de las organizaciones políticas, los jóvenes que no quieren pasar al Partido o ingresar a la UJC, los que "pierden" sus expedientes, el rechazo a decir lo que se piensa en los espacios diseñados para ello.

La despolitización responde objetivamente a los efectos de la globalización; el american dream (que es una clara invitación a despolitizarse) no entiende de fronteras y la nuestra es una sociedad cada vez más conectada familiar, económica, tecnológica, cultural y financieramente con el mundo. También responde a los efectos de la subversión ideológica del gobierno norteamericano, en medio de una extendida etapa de escaseces materiales.

Pero, ¿por qué hablamos tan poco de las razones propias que empujan (y con mucha fuerza) a la despolitización?, ¿por qué hablamos tan poco de las razones sobre las que podemos influir nosotros mismos? El día que superemos muchas de ellas la subversión morirá por inanición.

Mientras se "cocinen" las reformas a la Constitución o la Ley Electoral a puertas cerradas; mientras no importe lo que digan nuestros cineastas en asambleas de tres años; mientras la Asamblea siga votando unánime aun cuando se haya propuesto lo contrario; mientras, al menos, alguien no nos explique por qué pasa todo eso, caminará la despolitización.

Mientras se vea la política como una cuestión reservada a unos pocos; mientras la visión del gobierno sobre temas medulares nos llegue en unas telegráficas y poco frecuentes notas de prensa; mientras se subvalore la inteligencia y la capacidad de nuestra gente para participar, caminará la despolitización.

Mientras sea más importante preservar el control (muchas veces solo en la forma) que alcanzar los propios objetivos que se plantean o aprovechar oportunidades; mientras se siga a la defensiva en muchos temas por el simple hecho de ser lentos en aceptar la sociedad realmente existente, caminará la despolitización.

Mientras la prensa siga anquilosada; mientras no se entienda que en el mundo actual no existe posibilidad de silenciar o censurar casi nada y que la única manera de ganar la batalla ideológica es informando más y mejor; mientras prevalezca la concepción de que la mejor propaganda es la saturación de una visión modélica del país, caminará la despolitización.

Mientras nuestras organizaciones se parezcan poco a quienes representan; mientras sigamos utilizando las armas de ayer para atacar los novedosos problemas y escenarios de hoy, bajo el vacío slogan del "cambio en los métodos y estilos de trabajo", caminará la despolitización.

Mientras nadie medie para resolver los conflictos que se divisan hoy entre sectores de la izquierda (fundamentalmente en la red); mientras se ataque al pensamiento diferente; mientras no se entienda que en la red se juega hoy una batalla crucial por la unidad y que luchar por la unidad no es restar, sino sumar y multiplicar, caminará la despolitización.

Mientras nuestros trabajadores (los hombres y mujeres nuevos que se "gastan" el sudor de la nación) no tengan conexión y con ello la posibilidad de aportar novedad a las muchas veces viciadas verdades de una red de "los que tienen internet"; mientras nuestros líderes y organizaciones no pasen activamente al debate en la red, caminará la despolitización.

Mientras no se entienda que el tiempo es una variable muy importante para un país y las vidas individuales de sus ciudadanos, caminará la despolitización.

Mientras jóvenes revolucionarios (no importa si muchos o pocos) sientan que decir las verdades, asumir riesgos, pedir más socialismo, intentar participar, es mal visto e incluso motivo para hacerte a un lado, caminará la despolitización.

No hay que sentir vergüenza por todas las cosas que tenemos que superar. Somos el resultado de una herejía descomunal, con todas sus virtudes y defectos. Lo letal es no hablar de ello.

Porque si mañana aumentan los salarios, se unifica la moneda, viene la inversión extranjera "en masa", nos llenamos de grúas, turismo, americanos y divisas, y se mantiene la tendencia a la despolitización, produciremos más riquezas, pero nadie asegura que las repartamos bien, ni siquiera que los cubanos podamos quedarnos con la mayor parte. Estaremos construyendo una economía dinámica, quien sabe si un "tigre caribeño", pero para nada una sociedad socialista.

¿La solución a nuestros problemas será (como sugiere el paradigma del capital) darle mejoras económicas a la gente y "dejarla tranquila"? ¿El problema de la política será su carácter "intrusivo" o que no estamos produciendo una política que le sirva a la gente para sentirse dueños de los medios de producción fundamentales, para sentirse dueños y garantes del rumbo de la sociedad?

En el socialismo, no nos equivoquemos, la política tiene que ser nuestro "pan de cada día".

lunes, 1 de mayo de 2017

A lo Mick Jagger

Por Fernando Luis Rojas

1.

Advierto. Esto no es sobre música. Después que Rafa González puso a un disparo de distancia a The Rolling Stones no me atrevo. Cuando los socios escriben, y lo hacen bien, hay que callar. El asunto es que un amigo viejo –o no tanto– que podría ser mi padre, un amante de los Rolling que anda ahora por un hospital habanero, dijo una vez que Mick Jagger en el escenario era “una mezcla de ardilla con mono”.

Aquí en El Salvador me encontré un tipo de esa misma especie, con treinta años menos. Sus cercanos le dicen “El Loco” y se llama Salvador Caridad de las Mercedes Santos. No es jodedera… ¿O sí? Condujo una moto hasta que se le abrió la cabeza. ¿El codazo de Marcelo a Messi? Eso es cosa de niños. “El Loco” salió apretando un pañuelo en la frente, no por la sangre –aunque también– sino para unirse la piel quebrada. Ahora se ríe, y se toca con la yema de los dedos la cicatriz, como si fuera un reservorio nuevo para el Lempa contaminado.

Era de esperar. Acá las motos vencen la inercia del tráfico horrible. Se cuelan en espacios pequeños, superan los “tranques” aumentando velocidad y rodando –como equilibristas– sobre la doble línea amarilla. Los motociclistas se visten como en Matrix y dan la idea que corren hacia alguna cabina, que huyen del agente Smith. A veces andan en grupos. Y a veces me recuerdan Santiago de Cuba, cuando cinco motos –a manera de taxi de diez ruedas– llevan en caravana a una familia.

De aquel accidente quedan la cicatriz y el mito. Aquel accidente no causó la locura, el cruce de ardilla con mono. Eso parece genético. Me han dicho que su hijo es una versión en miniatura de la especie: al año y medio apilaba palos, a los dos montaba en una vaca, a los tres se lanzaba a un espejo de agua desde una altura de varios metros.

Con Salvador Caridad de las Mercedes Santos hablé mucho, salí tres veces y bebí dos. Un día fuimos a un bar metalero, “El Medieval”. Empezamos temprano ese día, había poca gente y nos acomodamos en el amplio portal que es privilegio de los locales que hacen esquina. El mesero me creyó salvadoreño, chalateco para más señas y me habló “en salvadoreño”. ¡Y yo pensaba que en cuatro meses conocía las palabras propias e irrepetibles de este lugar! Salvador se lanzó a reír, y para joder me contó –incluyendo comas, puntos, guiones y comillas– el Semos malos de Salarrué. Volví a quedarme en China [o en Cuba].

Comenzamos temprano ese día, pero acabamos tarde. Yo fui cien veces al baño, para variar. Había una banda, cambiamos de mesa para escucharla y el drum me quedó a un metro. Me dolió el oído y le dije que íbamos a perderlo, igual que el hígado. Me respondió que el hígado no importaba, pero el oído sí, para escuchar cuando el hígado empezara a fallar.

Otra de las salidas fue de trabajo. Halamos troncos por una rampa empinada de medio kilómetro. Puro monte. Llevamos cada pedazo de madera –buena y pesada– entre dos. Afinqué bien las piernas y salí con impulso… Me alcanzó trescientos metros. Busqué una piedra, bebí medio litro de agua y sentí temblar las rodillas. Confié en que veinte minutos me permitirían recuperar fuerzas. No tuve esos minutos. “El Loco” buscó el centro del palo, se lo echó al hombro y empezó a caminar, más rápido que antes. Parecía correr. Y yo en la piedra actualizaba la especie: al mono y a la ardilla, a Mick Jagger, tendría que agregarle el oso.

En esos momentos, cuando los árboles ya lo ocultaban, me trasladé a La Habana. A las especies de La Habana.

2.

Advierto. Esto tampoco es sobre zoología.

Mi amigo cubano no es ardilla, y menos oso. Vendría a ser, digamos, un perezoso. O un lagarto perezoso. Él ama a una muchacha del centro del país.

No repite especies, es único. No tengo referentes. Lo recuerdo en la universidad cuando usaba –como corresponde a un lagarto– una gorra verde y a mí se me perdía entre los extranjeros tan politizados de la UH. Me pareció, cuando no le había hablado, el más “yuma” de los “yumas”. Lo creía extranjero. Sí, “extranjero”, para no caer en esa paja de decirles “cubanos no nacidos en Cuba”. ¿A ver si no tiene más valor que no sean cubanos y la quieran bien?

No sé su nombre. Responde a varios heterónimos, como lo hizo Pessoa. Lo he llamado Liev, Rosa [Luxemburgo] y a veces –sin que él se entere– lo he apellidado Bakunin. En algún momento lo pensé un lobo estepario, pero ya no: ama a una muchacha del centro del país.

No recuerdo haber bebido con él. Creo que no es “bueno” para eso. Tampoco es bueno para cargar troncos. Tiene una memoria especial y un corazón grande. Es genial despertando pasiones, deseas canonizarlo o matarlo con diferencia de segundos. Publica cosas lindas y no encuentras “la reacción” adecuada en facebook. A veces pone cosas locas, y quieres negarle likes o reacciones que te devuelvan el post, que lo hagan recurrente.

Viajamos a Santiago de Cuba una vez y el tipo me dejó embarcado por ir al Cobre. Lo critiqué [yo quería ir y tuve que cubrirlo]. Lo entendí [he ido cinco veces]. Frente al Palacio de Justicia, cerquita del Moncada, hay –o había entonces– una fuente nueva. Nos pareció un exceso ante tanta sequía, pero la cruzamos. No tuve problemas, soy bajito; a él se le empapó la gorra.

No habla “salvadoreño”, pero a veces tampoco habla “cubano”. No se ríe, se preocupa porque no le entienda y, serio, me lanza un poema de Guillén. A él le gustan los Rolling Stones, pero considera un pecado lo que dice mi amigo viejo de Mick Jagger.

A él le gustan los Rolling, a mi no tanto; pero deseo compartir un concierto con “El Loco” y “El Lagarto”. Salvador y yo beberíamos cervezas; Liev exploraría las conexiones marxistas de Jagger.
       

domingo, 23 de abril de 2017

La avenida 49

Por Fernando Luis Rojas

1.

La avenida 49 es una de las vías más importantes de San Salvador. Para los que vivimos en La Habana, si aterrizamos en la ciudad y caemos de fly en esta calle, podríamos pensarla –con más carros y menos baches– émula de la avenida 23. No es exacto. Poco a poco, iríamos descubriendo que hay más veintitrés (ojo, La Rampa es otra cosa).

Pero esta no es una historia de cubanos, aunque también. Para los salvadoreños, la 49 –que sería “otra” de las calles con vehículos y sin huecos– es una de las rutas que recorren a diario para ir y regresar del trabajo. Ya dicen que hay tráfico a cualquier hora, pero el clímax matutino es entre seis y ocho y media; y el vespertino entre cuatro y siete. En esto sí hay más constancia. Aquí las horas laborales se exprimen y de cualquier punto cardinal, hay gente viajando desde la madrugada para llegar a la capital a tiempo y cumplir su rutina.

Para otros salvadoreños, la avenida 49 es la vía para llegar a Metrocentro. ¿Qué es? Pues un monstruo: el centro comercial más grande de El Salvador y Centroamérica y el que recibe más visitas por mes. Una de esas ciudades de cristal (y hierro) a veces detectivescas –a la manera de Paul Auster– como cuando, en una tienda afín y en medio de un temblor de tierra de 5.1, la gente no podía salir sin pagar. En Metrocentro, con sus más de 760 locales comerciales, sus 200 mil metros cuadrados y 2500 parqueos vi que el imaginario de la “vidriera-museo” se manifiesta en Cuba en una escala menor. Si Carlos III es un museo tropical, Metro vendría a ser el MoMA.

Pero sigamos en la 49.

2. 

El olor a orina me trasladó a la entrada del Latino. ¿Será un karma de los estadios? Era un olor penetrante, que se colaba en la lengua, pero con un sabor hegemónico a maíz y curtido, a plena pupusa salvadoreña.  

La avenida 49 se llevó el premio de mis caminatas en San Salvador. Justo allí, a mi derecha, se alzaba el bloque azul, el estadio Jorge “el Mágico” González. ¿Quién coño es “el Mágico” González? “¿No sabes?” Me pregunta incrédulo Eduardo. Y él se avergüenza porque su país no se conozca; y yo me avergüenzo por no conocer a su país. “Mira, aquí está su estrella”. Y es cierto, en la acera –como una versión criolla y corta del Hollywood Walk of Fame– está la estrella de Jorge Alberto González, “el Mágico”.

Para mí era un misterio. Crecí en Santiago de Cuba y de adolescente “la aplanadora” estaba en su apogeo beisbolero. Para mi primo y yo no existían Germán Mesa, Víctor o Linares; la cosa era más sencilla: Pacheco o Kindelán, y de vez en cuando el preterido Pierre. Vi fútbol por primera vez en 1994 y bebí una historia limitada de ese juego, una historia –como la de las sociedades– escrita por los grandes, por los vencedores.

¿Quién coño es “el Mágico”? La doble vergüenza de Eduardo y mía se volcó en una alfabetización en imágenes, y la memoria dormida –que es la garantía del olvido y los yerros– despertó. Ahí vino el homenaje del Cádiz cuando ascendió por última vez a Primera; o el golazo frente al Barcelona corriendo y sorteando contrarios desde más de media cancha; o la historia de “un tipo”, un “mago loco” que rompió todo molde y fue más rebelde que todos.

Aquí el fútbol se vive diferente. Hay Barça y Madrid, pero también Alianza, Águila, Santa Tecla, FAS y Firpo. Queda el recuerdo, cercano en algunos, de las participaciones mundialistas de 1970 y 1982. En esta última, la Selecta recibió una goleada de escándalo ante Hungría y cedió –decorosamente– ante Bélgica y Argentina. Pero se había llegado al mundial. Era la generación de un mago.

El fútbol se vive diferente, y los futbolistas viven diferente. Ni bien, ni mal: diferente. Al menos, así lo vi en el “El Loco” Abreu cuando en diciembre de 2016 marcó un doblete para que Santa Tecla se coronara campeón del Apertura. Me recordó el festejo del uruguayo en aquel penal a lo Panenka que marcó frente a Ghana en el mundial de Sudáfrica.

Un loco que hizo magia en Santa Tecla y un mago, dueño de una jugada con nombre loco: “la culebrita macheteada”. Tiene que vivirse diferente el fútbol aquí.

3.

“El Mágico” tiene su estrella y su estadio. Y las jardineras de ese estadio, que no tienen flores, sirven a la gente sin casa para dormir. Cuento los bultos de ropa y lona apilada, que valen de frontera, Patria y Estado a uno, dos, tres… ocho personas. Frente a ellos, alzada en un tubo que hiere la misma acera donde está la estrella del futbolista, la paradoja de un anuncio de Wendy´s o Kentucky Fried Chicken (KFC).

Y el espacio físico me aturde. Geografía y memoria se juntan, me emboscan desde una vista del lago Coatepeque, de la isla de Alfredo Cristiani, el hombre que era presidente cuando los militares se metieron a la Universidad Centroamericana y asesinaron a ocho personas. Cristiani, el “Presidente de la Paz”, la paz que no pudo ver –entre miles– el sacerdote jesuita y rector de la UCA Ignacio Ellacuría.

En la cuadra del estadio no hay flores. Hay gente sin casa, bultos frugales y carteles lumínicos. Eduardo me aguanta del hombro, me mira condescendiente y a mí me hierve la sangre. Me enciende esa loca dinámica de mirar diciendo: “no está bien, no es correcto, pero es natural”. Y yo digo mirando: “no es natural hermano. Si a mí, en Cuba, cosas menores que estas tampoco me son naturales”.

Caigo en la cuenta que no le hago justicia y me detengo. Allí, bajo el paso de nivel lleno de figuras y graffitis. Allí, donde en unas horas pasearán –a la manera de Silvio– “flores de Quinta Avenida” o –a la manera del buen Eduardo– “orquídeas del mar”. ¿Será una forma caprichosa de saldar las flores que no hay en las jardineras?

4.

La 49 tiene algunas lomas. Nada comparable con las del país. Las “trabazones” (tranques) de los carros son imposibles. Los  autos se apilan en las calles, la gente en las aceras y los “buseros” (guagüeros, choferes) vienen a confirmar que son identidad de grupo mundial: se meten delante, frenan como si cargaran vacas, te apuran, se guardan el vuelto…

Con esto de lomas y gentes vuelvo a pensar que no hago justicia. Ahora no es a Eduardo, sino a las mujeres que con treinta libras en una cesta sobre sus cabezas ascienden cientos –y a veces miles– de metros empinados. Las he visto en Chinamequita, el Boquerón de San Salvador, Morazán… Las he visto en todos lados y regresan recurrentes. ¡Coño! ¡Qué larga se hace esta avenida citadina!

Al fin. La 49 se convierte en el Bulevar de los Héroes justo a unos pasos de Metro. Pero ya hablé de eso… y vuelven las imágenes de jardineras vacías, jesuitas muertos y ciudades acristaladas.

Y Eduardo vuelve a sujetarme el hombro. Ya advertido, borró la condescendencia y ahora sonríe con esa picardía salvadoreña que es mito y realidad. Me susurra: “los que lloraron borrachos por el himno nacional bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte, los arrimados, los mendigos, los marihuaneros, los guanacos hijos de la gran puta, los que apenitas pudieron regresar, los que tuvieron un poco más de suerte, los eternos indocumentados, los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo, los primeros en sacar el cuchillo, los tristes más tristes del mundo,  mis compatriotas, mis hermanos”; y le abrazo y le digo “hermano”. ¡Ayyy Roque! Del sufrimiento y los contrastes no se sale. Pero, con egoísmo vergonzante, pueden posponerse un poco. “Eduardo”, le digo, “vayamos por pupusas y cervezas”.


jueves, 20 de abril de 2017

De nuevo desde la ortodoxia, ahora –evidentemente– desde “otra” ortodoxia

Por Fernando Luis Rojas

“(…) lo que podrá sacar a luz los tesoros de las experiencias y las enseñanzas no será la apología acrítica sino la crítica penetrante y reflexiva.”.
R. Luxemburgo

Había terminado el anterior post con una frase macarrónica en que le apuntaba a la UCLV el mérito de “hacerme coincidir ante un problema concreto con gente con la que no tenía nada que ver”. La borré. Me pareció confusa, y que ocultaba el hecho del antagonismo entre lo que propone una organización como Somos+ y la manera individual en que veo el proyecto colectivo de la Revolución cubana. Al final, de todas formas, la gente hace sus lecturas y construye sus relaciones de manera bien libre. La borré por gusto.

Cuatro trabajos me han lanzado a escribir este nuevo post: Argumentos de verdaderos revolucionarios, A una nueva Contra una nueva estrategia revolucionaria, Nuestras razones y Universitaria (este último es en realidad dos párrafos porque luego reproduce Argumentos de verdaderos revolucionarios), publicados entre el 18 (Nuestras razones) y el 19 de abril. Paso por alto los comentarios en las eufemísticamente llamadas “redes sociales”. Por cierto, BBC y El País llegaron a destiempo, como debía ocurrirles siempre en los “asuntos cubanos” y latinoamericanos.

Lo primero es que a pesar de las coincidencias en fechas y el empleo de términos similares no me atrevería a calificarlos como unidad, son diversos.

Primera tesis: Las reacciones y las críticas ante la expulsión de Karla María Pérez González también han sido diferentes. Si responden al “diseño de campaña” de Somos más –posibilidad que no descarto–, ello no deslegitima todas las posiciones que denuncian el hecho.

Segunda tesis: Hay dos grandes cortinas de humo sobre el asunto. La primera, es aquella que disminuye el hecho concreto para situarlo como “una manifestación más” de “la represión” en Cuba. La segunda, esa que lo aprovecha para lanzar acusaciones y calificativos –en una nueva temporada– a la manera de “hipócritas solidarios”, “oportunistas escandalizados”, “egocéntricos cargados de verdades absolutas”, “ilustrados melancólicos” y “revolucionarios utilizados”.

En ambos casos, Karla María y su expulsión pasan a un segundo plano. La joven de 18 años vendría a ser una pieza, un rehén político de la propia organización a la que pertenece. Siendo inteligente, sacaría sus conclusiones del asunto.

Como diría un socio, esta cortina de humo expresa la contradicción de que cuando combates a la contrarrevolución tienen que oírte en la Plaza; y  cuando criticas y condenas los errores del gobierno cubano deben legitimarse en Diario de Cuba.

Tercera tesis: En la lucha política, las argumentaciones y razonamientos no tienen efecto retroactivo. ¿De qué sirve “un expediente” de sus actividades a destiempo? ¿Alguien pensó que a estas alturas el asunto pasaría silenciosamente? En la línea de mi post anterior, esto no es lucha por la hegemonía, es autopsia.

Cuarta tesis: Volvemos a la cuestión del Derecho. Sin dudas, es la principal referencia para defender la permanencia de esta joven en la Universidad Central de Las Villas. Pero –y mis amigos juristas me matarán– al Derecho (y los Derechos), de norte a sur y de este a oeste de este mundo loco, lo hace imperfecto (al menos a su ejercicio) la desigualdad. Recordemos esa frase genial de la película NO: “usted tiene un sistema [el capitalismo] en que cualquiera puede ser rico, no todos, cualquiera. No se puede perder cuando todos apuestan a ser ese cualquiera”. Y esa es la ruptura –que en materia de Derecho (y los Derechos)– la Revolución cubana no debería permitirse.

Quinta tesis (y Final): Ya se ha dicho varias veces que el pensamiento de Fidel sería un terreno de disputas en el propio campo que se proclama “revolucionario”. Ello se manifiesta de forma dramática cuando el texto de la UCLV Nuestra razones habla del “concepto de Revolución”. A manera de botón de muestra, si “Revolución es sentido del momento histórico”; ¿no tener sentido del contexto es contrarrevolución? ¿Se entiende?

Epílogo

Pues teniendo en cuenta lo anterior, yo me mantengo en mis quince: considero un error la expulsión de la estudiante Karla María Pérez González de la UCLV. Ya mañana me corresponderá discutirle, o incluso resistirme al linchamiento anunciado a quienes militamos en organizaciones opuestas. Temerle a eso sería aceptar que no somos nada…


lunes, 17 de abril de 2017

Hablando desde la ortodoxia del caso UCLV

Por Fernando Luis Rojas

Fui de los que enarboló como consigna la idea de “universidad para los revolucionarios”, como lo hicieron y olvidan (que lo hicieron con entusiasmo y rigor) muchos que también dirigieron la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). No soy de los que se niegan, y tampoco de los “que despiertan” al primer contacto con otro paradigma democrático.

Por aquellos tiempos entendía la frase, y creo lo hacíamos varios, en una perspectiva no excluyente. En primer lugar, ya el axioma tiene una marca bastante jodida que martilla en cualquier cabeza hoy: “para los revolucionarios”… ¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Cuál es el nivel de “no revolucionarismo” permisible? Sinceramente, las últimas discusiones sobre el asunto en la blogosfera han planteado el tema pero han aclarado y construido poco. Antagonismo, menciones infantiles a Marx y Lenin, chusmería… vienen a presentar como debate algo que es un monólogo a partes.

En segundo lugar, la frase para nosotros tenía que ver con quién logra la hegemonía. En la facultad, el pedagógico y otras estructuras de dirección de la FEU luchábamos políticamente; una lucha que en medio del inmovilismo parecía inexistente. La gente había votado por nosotros, habíamos perdido algunas elecciones, armábamos equipo, consensuamos argumentos, discutíamos… En fin, tenía que ver con la hegemonía. Nosotros “nos creíamos” revolucionarios, y pulsábamos por una preponderancia de nuestro campo.

¿Había gente “no revolucionaria” en la universidad? O, digámoslo en un lenguaje menos difuso: ¿había gente que no apoyaba el proyecto político que se presenta como Revolución cubana? ¿Había estudiantes que cuestionaban y criticaban las decisiones del gobierno, e increpaban a los dirigentes institucionales o estudiantiles? Claro que sí. Somos+ no existía entonces; porque –en rigor– la crítica no ha sido en Cuba un patrimonio exclusivo de los grupos financiados desde los Estados Unidos y Co.

Recuerdo aquello que llamamos “prueba de fuego” previo al VII Congreso de la FEU y las duras discusiones en las aulas –perdonen el eufemismo tras el siglo de reparación– de Física, Psicología, Comunicación de la Universidad de La Habana. En todos los casos, los encuentros –que en ocasiones se extendieron cuatro horas– se saldaron en favor “del proyecto”, y no siempre gracias a nosotros. Acudieron en coincidencia estudiantes con los que otras veces entramos en contradicción, o profesores que con el tiempo –y en franca expresión de retroceso institucional– han sido estigmatizados por las autoridades universitarias y una nueva oleada de analistas blogueros.
 
Desde estas experiencias y el actual contexto, ¿qué ha hecho la FEU de la Universidad Central de Las Villas con la decisión de expulsar a la estudiante Karla María Pérez González –a la que no conozco personalmente– y con la emisión de su declaración del 14 de abril?

  1. Renunciar a un espacio de confirmación y/o disputa de la hegemonía, que se trasladará con mayor fuerza –después de la medida– a otros escenarios.
  2. Evidenciar que se siente “incapacitada” para discutir y atraer (o no) a jóvenes estudiantes que apenas se encuentran en primer año.
  3. Confirmar que ante una decisión tan importante como la de “expulsar” a una estudiante, le basta con una mayoría simple (teniendo en cuenta que en la declaración no se confrontan los datos ofrecidos por la joven).
  4. Demostrar que a la voluntad de bombardear a las actuales instituciones cubanas que se presenta como objetivo de “los enemigos de la revolución”, puede unirse el esfuerzo que realizan algunas organizaciones por dinamitarse a sí mismas.
De esto y más hay en la actual decisión tomada en la Universidad Central de Las Villas, y en la que la FEU de ese histórico y tradicionalmente polémico centro de estudios ha aparecido como punta de lanza.

Podría haberme referido como argumento principal al derecho a la educación superior que se relanzó en Cuba después de 1959 –para no hablar de este derecho en abstracto–, pero eso ha marcado varios de los post leídos sobre el tema (y con los que coincido en líneas generales). Además, sabemos que muchas veces (y en muchos lugares) la cotidianeidad socioeconómica y la naturalización de las diferencias entre los seres humanos, obstaculizan la realización de lo que se grita a los mil vientos como un derecho.

Las versiones están demasiado polarizadas. La propia estudiante, una conversación con Radio Martí, unas declaraciones de la madre que me hicieron sentir como un excomulgado y expulsado de todo (a simple vista no quepo en su proyecto), una repiqueteada declaración de la FEU de la Universidad que no argumenta, solo “ratifica” a través de lugares comunes. A estas horas, estoy esperando otras informaciones sobre el asunto… Lo más cómodo sería aguardar…  

miércoles, 29 de marzo de 2017

Adelantados y acomodados

Por Fernando Luis Rojas
Tú, en cuyas venas caben cinco Grandes,  
A quien hace mayores tu cuchilla,
Eres Adelantado de Castilla,
Y en el peligro adelantado en Flandes.
F. de Quevedo

Por sus servicios a la corona española, Diego Velázquez recibió el título de Adelantado. Pero aquí se trataba de un rango de dignidad y tenía un sentido, en cierto modo, espacial, de representación territorial.
Hay otro, este más temporal, que cabalga en historiografía y fraseología insular. Como dice el refrán: tiro piedras, y probablemente mi tejado sea… ya ustedes saben.
La idea de ese Adelantado temporal sirve para referirse a alguien(es) que se sale de las normas de la época, que rompió el molde, como también diríamos. Da lo mismo el terreno. ¿Literatura? Tenemos al Julio Verne visionario de Viaje al centro de la Tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino y La vuelta al mundo en ochenta días. ¿La plástica? Pues Fahrenheit Magazine nos presenta su “salón de los rechazados” (artistas adelantados a su época): Vincent van Gogh, Paul Gauguin, Monet, Vermeer, El Greco, Cezanne, Seurat, entre muchos otros.
Pero con esto del “adelantamiento”, en los terrenos de la historia y la política nadie nos gana a los cubanos. Es así, que a veces Martí es un adelantado para no hablar del retraso de una cultura política descolonial, contra todas las dominaciones, entre una parte de los cubanos que lucharon por la independencia respecto a España; o Mella, para poder hablar bajito de su expulsión del Partido Comunista; o Guiteras, para que “la falta de unidad que dio al traste con la Revolución del 30” sea un asunto difuso y poco preciso; o el Che, todo un adelantado en esa declaración suya de “no dejar a sus hijos nada material” al partir a otras tierras, o considerar como un peligro que el hombre (en rigor, el dirigente) pensara que para dedicar su vida a la revolución, no podía distraer su mente por la preocupación de lo que faltara a sus hijos y familia.
Hablar de hombres adelantados a su tiempo es un arma de doble filo. Sí, puede servir de propaganda y movilizar; sí, a veces logra señalar la grandeza y significación de esos hombres y mujeres. Al mismo tiempo, puede disminuirlos en una oculta dinámica de adelantado-incomprendido (no fue capaz de hacerse entender); y lo peor, viene a tranquilizar a quienes se acomodan desde la lógica “yo estoy bien, soy un hombre o una mujer común, de estos tiempos”.
Como decía, no puedo lanzar piedras… Quizás haya utilizado esos términos. Hay palabras que se destierran –al menos en algún significado– cuando se piensa en ellas. En un camino similar ando, hace algún tiempo, con el significado político-generacional de términos como “relevo”. Pero esos han sido post anteriores, o por venir.