jueves, 16 de febrero de 2017

Coloquio “Con arreglo a esta opinión trabajaremos”. A 50 años de Pensamiento Crítico.

La Cátedra Antonio Gramsci del ICIC Juan Marinello y los jóvenes del proyecto "La tiza" aparecen entre los convocantes del Coloquio “Con arreglo a esta opinión trabajaremos”.

Fecha: Martes, 21 de febrero, 2017
Lugar: Casa del Alba Cultural (Ave. Línea # 556 e/ C y D, Plaza de La Revolución)
Horario: 8:30 a.m.-9:30 p.m.

 “…el intelectual revolucionario es, ante todo, un revolucionario a secas”
Editorial del primer número de Pensamiento Crítico
Febrero, 1967

En la década de 1960, una revista se propuso hacer de las ideas, timón de la práctica liberadora. Quiso devolverle a la revolución cubana los impactos que la hicieron nacer como aventura intelectual, y la materia rebelde para desarrollarse, que de aquella recibía. Supo lograrlo mediante la traducción de los hechos y proyectos de la revolución, en un cuerpo de pensamiento capaz de alentarla, multiplicar sus fuerzas y trascender los límites que se le interpusieran.
Se publicó mensualmente durante 5 años: entre 1967 y 1971. Llegó a tener una tirada de 15000 ejemplares por número. Cuando fue cerrada, su prestigio rebasaba las fronteras nacionales. Devoraban sus páginas quienes luchaban en las selvas y ciudades de América Latina para cambiar el mundo, quienes querían oponerse por igual al capitalismo como al dogma esgrimido en nombre del socialismo, quienes entendían la militancia como una conquista de la libertad. Por eso la revista fue hereje y consecuente con su misión; por eso asumió con naturalidad la polémica y el conflicto; por eso se llamó Pensamiento Crítico; por eso, para honrar su legado y asirlo, para continuar divulgando su espíritu y contenido, se le dedicará el Coloquio: “Con arreglo a esta opinión trabajaremos”, el martes 21 de febrero de 2017, entre las 8:30 a.m. y las 9:30 p.m. en la Casa del Alba Cultural, La Habana, Cuba.

Comité organizador
Programa:
8:30 a.m.-9:00 a.m. / Inauguración de la exposición de portadas de Pensamiento Crítico
9:00 a.m.-9:15 a.m. / Palabras inaugurales: Eduardo Heras León (escritor)
…………………………………………………………………………………………………………...9:30 a.m.-10:50 a.m. / Mesa # 1: “La revista y su circunstancia”
·     Zuleica Romay Guerra (ensayista e investigadora, Casa de las Américas): "La marcha a contracorriente del pensamiento crítico: comentarios desde Cuba".
·         Félix Valdés y Yohanka León (profesores e investigadores, Instituto de Filosofía): “El percutor de una época: Pensamiento Crítico”
·         Jorge Gómez Barranco (Director del Grupo “Moncada”, miembro del Departamento de Filosofía en la década de 1960): “35 sabores de Coppelia”
Moderador: Josué Veloz Serrade (profesor e investigador FLACSO Cuba)
10:50 a.m.-11:50 m. / Debate
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12:00 m.-12:45 p.m. / Presentación de la segunda versión de la multimedia: Pensamiento Crítico, producida por la Biblioteca Nacional “José Martí”.
Presentadora: Vilma Ponce (investigadora Biblioteca Nacional “José Martí”)
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12:45 p.m.-1:30 p.m. / Almuerzo
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1:30 p.m.-2:30 p.m. / Mesa # 2: “La revista y su contenido” 
·         Natasha Gómez Velázquez (profesora e investigadora, Universidad de La Habana): “De Pensamiento Crítico y el primer Departamento de Filosofía... Su
historia en mí”
·         Germán Sánchez Otero (ensayista, miembro del Departamento de Filosofía en la década de 1960): “Pensamiento Crítico: ¿cinco años, cinco décadas, o cinco siglos?”
·         Guillermo López Lezcano (investigador, ICIC “Juan Marinello”): “Pensamiento Crítico y yo: una relación equívoca”
Moderador: Frank Josué Solar Cabrales (profesor e investigador Universidad de Oriente)
2:30 p.m.-3:30 p.m. / Debate
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3:30 p.m.-4:50 p.m. / Mesa # 3: “La revista ante los desafíos de la práctica revolucionaria que necesita Cuba hoy”
·         Josué Veloz Serrade (investigador, programa FLACSO-Cuba): “Ideología y cultura en Pensamiento Crítico. Notas para hoy”
·         Frank Josué Solar (profesor e investigador, Universidad de Oriente): “El pensamiento crítico en la transición socialista”
·  Alejandro Gumá Ruiz (investigador, ICIC “Juan Marinello”): “Pensamiento Crítico y la conceptualización del modelo”
·         Julio Antonio Fernández Estrada (profesor, ensayista e investigador): “La protección de la ciudadanía en tiempos de actualización del socialismo cubano. Análisis de coyuntura en 2017”
Moderador: René Fidel González (profesor, ensayista e investigador)
4:50 p.m.-5:50 p.m. / Debate
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5:50 p.m.-7:30 p.m. / Receso
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7:30 p.m.-9:30 p.m. / Velada artística por los 50 años de Pensamiento Crítico
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viernes, 10 de febrero de 2017

Piensen en Cuba primero

Por Carlitos

Son días tristes para el debate político en Cuba. No creo que nadie pueda decir que el culebrón de las últimas jornadas (que ya va como por la cuarta o la quinta temporada y que ha tenido varios protagonistas) es lo mejor que podemos mostrar.

Chanchullo, dimes que te dirés, morbo en las redes, desgaste, división mediatizada de quienes supuestamente persiguen los mismos objetivos, evasión de la discusión sobre temas medulares, no serán jamás lo métodos de un debate revolucionario.

La lucha revolucionaria se gana en el terreno de los argumentos y no en el de las sospechas, vence no por la caída de los adversarios, sino por la luz de las ideas que se defienden. Se gana enamorando gentes; sumando y multiplicando, no restando. Y sumar y multiplicar no es solo encontrar a los que piensan igual que tú; se trata precisamente de ganar (o al menos sembrar una duda) en las mentes y los corazones de los que piensan distinto.

En medio de tantas cosas dichas, una sola pregunta me hago: ¿dejarán de ser verdades las verdades de la Joven Cuba (LJC)? Me abstraigo de todo el chanchullo y lo que no puedo negar (y creo que pocos pueden hacerlo) es lo que ha representado este proyecto para el debate público en nuestro país, asumiendo una posición muy autentica de defensa de la Revolución.

LJC, de conjunto con otros blogs y proyectos, captó un discurso comprometido que no lograron muchas de las organizaciones que deberían hacerlo. Este piquete de blogueros ha sido como una brigada de salvamento en un momento muy difícil del debate ideológico en Cuba. Sería muy saludable que nuestras organizaciones políticas, con madurez, lo entiendan y vayan al encuentro.

El hecho de que su discurso fuera crítico y alertara sobre nuestras contradicciones lo hace más comprometido, no menos. Ese discurso crítico y a la vez comprometido fue precisamente la base de su autenticidad y su atractivo.

Seguramente erraron miles de veces en las visiones y los pasos dados, pero ¿quién no lo hace? Solo si les damos a los revolucionarios el chance de tropezar y (sobre todo) de levantarse, estarán dispuestos a asumir riesgos y tomar decisiones audaces, como solo pueden serlo las posiciones revolucionarias.

Aquella parte de la izquierda que no comparte su discurso no puede desconocer la simpatía que han ganado sus ideas. No es sólo un problema de cantidad de visitas (aunque es un indicador inobjetable). Conozco a muchas personas que siguen a LJC y, sinceramente, son todas muy revolucionarias.

Solo por eso LJC merece respeto. Si no nos gusta lo que dice, mostremos otros argumentos. Si creemos que sus miembros van por mal camino, llamémoslos a tiempo (y a lo cortico, como hermanos) para aconsejarlos. Y si creemos que ya no hay tiempo, ¿no es posible confiar en que el público que sigue todo este debate tenga la inteligencia suficiente para discernir lo bueno, lo malo y lo regular?

El mayor peligro para la construcción socialista en Cuba no está en los jóvenes que piensan de un modo u otro. Los que piensan y asisten al debate siempre son susceptibles de ser enamorados. El mayor riesgo está en los que están atrapados en el consumo banal y el dinero fácil. La derecha en Cuba (ya ni siquiera el centro) no es la que asiste al debate, sino la que no le importa porque emplea su tiempo haciendo dinero, robando o subvirtiendo cualquier avance del proceso. Desde ese punto de vista, ¿es LJC enemigo de qué o de quién?

Pero supongamos que LJC asume efectivamente posiciones de centro (que no lo creo), o Cuba Posible o Cartas desde Cuba. Tampoco creo en clasificaciones que están viciadas de tabúes y subjetividades, pero asumamos que es así o que alguien tiene la absoluta convicción de que es así. Si tienen cosas importantes que decir y lo hacen para el bien de Cuba, ¿acaso no merecen también todo el respeto?

En el fondo de este debate está un tema que no se ha asimilado lo suficiente: la heterogeneidad de formas de pensamiento en nuestro país. Ya no gozamos de la unanimidad que generó el magnetismo del triunfo de 1959. En la Cuba de hoy hay tantas formas de entender el futuro como personas que participan en el debate.

¿Qué es el socialismo? La ciencia marxista y la experiencia de los movimiento populares de liberación da muchas luces sobre lo que no queremos, pero apenas un par de certezas sobre el camino a recorrer. Eso puede ser frustrante, pero también hermoso. Plantea en última instancia que la construcción socialista, cualquiera que sea el camino, debe respetar dos premisas.

Primero, dudar de todo, la máxima marxista. Pero no dudar en el sentido de sospechar, sino dudar en el sentido de estar abiertos a discutir sobre cualquier idea, por absurda o lejana que parezca. El mejor debate sobre el futuro de Cuba será el debate más amplio, con la mayor cantidad de ideas posible. Solo veo dos límites: las posiciones anexionistas o de apoyo a la subversión y las posiciones intolerantes, que nadie las excluye, se autoexcluyen solas.

Segundo, con todos y para el bien de todos, la máxima martiana. La construcción nunca será socialista (en el sentido estricto de lo que significa la democracia para el socialismo) si se hace porque una forma de pensamiento logró vencer a la otra, sino porque una forma de pensamiento logró aglutinar a las otras. Eso y no otra cosa, fue la enseñanza y la praxis fidelista y martiana.

En experiencias laborales, académicas, estudiantiles y hasta familiares, he asistido a discusiones enconadas que con mucha facilidad se alejan de los lugares comunes. Y es increíble lo difícil que es salir de los diálogos de sordos. Sabemos muy poco de diálogo y de escuchar al otro. Una de mis jefas, a la que aprecio mucho, nos dice siempre en esas situaciones: dejen los apasionamientos y piensen en Cuba primero.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Desclasificaciones…

Por Fernando Luis Rojas


Espera el momento oportuno. Acumula, guarda. Todo lo que digas puede ser usado en tu contra; intenta, esencialmente, usarlo a tu favor. Calla oportunamente; en especial si tienes al autor de esas páginas malditas ante ti. Míralo, dale un like ocasional, como de paso; y disfruta en silencio esa relación de poder que es la información. Aquí se dan las manos, al menos tácticamente, todo el espectro de izquierda a derecha. No esperes, es el momento.

viernes, 3 de febrero de 2017

Saturado…

Por Fernando Luis Rojas

… así me he sentido en los últimos días, en medio de las veleidades de las redes; al menos, de la parte que se gestiona desde (espacio físico) – o sobre (ámbito temático) – Cuba. Estar fuera de la isla por unos meses me ha hecho habitar, por razones geográficas y posibilidades tecnológicas, más en el espacio virtual que en las calles de mi país. Ya sabemos que no son terrenos “cerrados”: hay quienes en Cuba viven en realidad virtual aunque no tengan conectividad, y viceversa.

            Punto de saturación:

            Pensar que el verticalismo de la política estatal de información; los vacíos legales; las limitaciones e inconsistencias de la “prensa libre” del capitalismo; y la falta de contenido que define “lo público”, “lo privado”, “lo grupal”, “lo gremial”, “lo comunitario”, “lo oficial”, “lo institucional” y “lo popular” influyen por separado, es una de las mayores expresiones de una idealismo decimonónico alemán grande, entre otras cosas por eso, por ser decimonónico y alemán.
             No había sentido un regreso a la pureza reaccionaria como el de los últimos días. Un purismo que comienza, precisamente, en que cada contendiente quiere presentarse como tal. Que la sociedad cubana – en lo económico, político, comunicativo, en las relaciones familiares – no es profundamente democrática me parece una certeza. Al menos, desde mi punto de vista, que toma como horizonte de comparación el “deber ser del socialismo” y en un criticable acto de abstracción para algunos, elude comparaciones hechas para “encajar” utilitariamente sobre la libertad de hacer periodismo en Cuba o México.
            ¿Hay alguna forma de demostrar que en Fulano pesa más el verticalismo estatal, o en Mengano lo hace el paradigma de la “prensa libre”? Por ahora sólo tenemos las confesiones de fé de los protagonistas. A mí – desgraciadamente en este estatus de analfabetismo en teorías de la comunicación – algunos discursos críticos de la política estatal me suenan particularmente autoritarios y verticales, portadores de una “verdad inamovible”; y otros, presentados como “revolucionarios”, me suenan significativamente retardatarios y en esencia, antisocialistas.
            A todo ello sumemos, que en el sentido común y en la vida cotidiana de la gente hay problemas mucho más apremiantes. No se trata de eludir los posicionamientos, desacuerdos, filiaciones, contenidos, financiamientos; creo debemos partir de transparentar todo esto. Pero en ese “purismo” queremos pasar por una o varias cosas, y no por lo que somos realmente. Y queremos absolutizar el periodismo como la expresión mejor del dinamismo político en la isla. Siempre ha sido un problema para mí identificar las fronteras entre actividad profesional y política, quizás deba sacudirme aun el impacto de Marx con El señor Vogt. Aunque no estoy muy dispuesto a ello.
            Lo que podría ser una identidad gremial, sufre ahora una crisis de identidad por sobreproducción, que parece derivar – para este lector – en una pugna por arrebatar espacios. Puede entenderse entonces, que en mi condición de “individuo potencialmente conquistable” me sienta saturado.
                Me disculpo. En el matiz que han tomado las discusiones, se me pasa en un día. Y siempre queda el aliento de ese título de Julito: “No quiero saber nada de Industriales ni de Obama”

miércoles, 1 de febrero de 2017

¿Dónde están los economistas?

Por Carlitos

Si para algo sirven los tropiezos es para aprender. Y uno de los principales aprendizajes de estos tiempos es que no basta tener un plan de transformaciones bien concebido, haberlo consensuado con la ciudadanía o tener los recursos materiales para ello, si no se tiene en cuenta con quienes llevarlo a cabo.

En el caso de las transformaciones en curso, un profesional resulta clave: el economista. Se necesitan economistas en las empresas, en las instituciones de gobierno, en las universidades, en los centros de investigación, en los medios de comunicación (explicando y polemizando) y en los cargos con una responsabilidad muy técnica. Pero, ¿dónde están los economistas?

Habría que empezar por aclarar que no todos los economistas tienen igual utilidad en este momento. Durante algunos períodos de nuestra historia revolucionaria las ciencias económicas fueron descuidadas, a la vez que la enseñanza estuvo alejada de prácticas internacionales en materias relevantes como la gestión empresarial, la macroeconomía y las estadísticas económicas.

En esta coyuntura, son aquellos que se mantuvieron muy cercanos a la investigación o los jóvenes graduados (en cuyos programas de estudio hay un recuperación de estas materias) quienes pueden brindar un mayor aporte a los retos de la economía cubana de hoy.

Entonces la pregunta se hace aún más crítica ¿dónde están los economistas jóvenes? La respuesta es obvia: una gran parte de ellos no está. Algunos han ido a parar al sector privado (en muchos casos sin ningún vínculo con su profesión), pero muchos, muchísimos, están fuera de Cuba.

Las principales causas son conocidas y comunes a otras profesiones: bajos salarios, desmotivación laboral (recién graduados se emplean en actividades muy por debajo de las capacidades para las que fueron formados), insuficiente seguimiento a la trayectoria de los jóvenes, recelo hacia visiones nuevas de cómo enfocar el trabajo, entre otras.

A ello habría que sumar el problema de la propia formación. La salida de profesionales también se siente con fuerza en la universidad, lo que objetivamente impacta sobre la calidad de la enseñanza. Aún hay un claustro que hace "maravillas" por la formación académica, pero cada vez toca a menos, lo que contribuye a que el desangre continúe.

Y si bien los planes de estudio son más integrales hoy, todavía carecen de la suficiente articulación y profundización en la economía política marxista y otras corrientes de pensamiento heterodoxas, algo clave si queremos que nuestro proyecto siga teniendo un perfil alternativo a la lógica del capital.

Si algo pervive con prestigio es la labor investigativa, tanto en las universidades como en los centros de investigación y  la participación de los economistas en el debate público (aunque con poco espacio en los medios oficiales). No obstante, los problemas ya mencionados y el insuficiente diálogo con los decisores, hace que en estos casos también se sienta la ausencia de los economistas. Tenemos profesionales muy valiosos investigando y publicando, pero pudieran ser muchos más.

Y el dilema va más allá. La complejidad de los problemas sociales de hoy advierte de que no hay "ciencias puras" y que las mejores soluciones provienen de análisis multidisciplinarios. Los economistas son un núcleo importante, pero no el único dentro del amplio mundo de ciencias sociales y aplicadas cuyos enfoques son necesarios para hacer acercamientos objetivos a la realidad.

La toma de decisiones es un proceso esencialmente político, pero ¿quién propone el set de decisiones sobre el qué decidir? No hay nueva economía sin un serio apego a la ciencia.

Somos muy dados a hacer las cosas con "los que estén" o los "mejores compañeros" (cuando "mejores" muchas veces significa los más obedientes y no los más capacitados). Pero los cambios revolucionarios que necesitamos no son compatibles con esas tendencias.

La calidad de los economistas que formamos y cómo los retemos y utilizamos es una pieza clave para afianzar el rumbo de nuestra economía y, con ello, de nuestro sistema político y social. 

miércoles, 18 de enero de 2017

El futuro y la vieja burocracia

Por Carlitos

La concurrencia de excepcionales oportunidades y retos para los cubanos va pasando. Las reformas anunciadas y por anunciar no han ido al ritmo que se esperaba, algunas oportunidades se han desvanecido y el cúmulo de cosas por hacer es inmenso.

Dentro de ese cúmulo de tareas, ¿habrá alguna más importante que otra?, ¿habrá alguna que merezca una mayor prioridad o esfuerzo? No hay razón para detener nada de lo que se está haciendo o estudiando, pero hoy mismo no hay escollo más duro al avance social, al aprovechamiento de las oportunidades, que la vieja burocracia.

Digo vieja burocracia para aclarar que no se trata de toda la burocracia. Aclaro también que no tiene que ver necesariamente con la edad (hay jóvenes que piensan como viejos y personas de experiencia con un pensamiento y una praxis muy joven).

Tenemos funcionarios admirables que, con muy poco, hacen esfuerzos quijotescos por sacar las cosas adelante. Pero hay otra parte de nuestra burocracia que nos niega como proyecto, nos divide, nos hace mucho daño.

Es esa la que promueve la separación de valiosos profesores universitarios, la que define que un joven revolucionario que no está empleado tiene que desactivarse de la UJC, la que dirige medios de comunicación u organizaciones políticas con métodos prehistóricos, la que con el discurso del cambio de los estilos de trabajo termina cambiado muy poco (o nada).

Es esa burocracia la que convierte la voluntad política en un experimento de cinco años, la que es indiferente a que pasen semanas sin que se discutan proyectos claves para el futuro del país, la que propone sin saber y no tiene la honestidad de decir que no sabe, la que no arriesga y calla, la que nombra a sus semejantes porque son los únicos capaces de hacerle la corte, la que utiliza el argumento de la actividad del enemigo para sembrar la duda sobre cada nueva idea.

Necesitamos más inversión extranjera, unificar las monedas, que la empresa estatal despegue y el salario alcance, regular mejor y potenciar el sector cooperativo y privado, dar el salto tecnológico, modernizar nuestras prácticas políticas y espacios de participación, y todo para ayer.

Pero los caminos del diseño e implementación de estas tareas serán más lentos y tortuosos (lo han sido ya) mientras sigamos cargando con un enorme y aferrado sector de la burocracia que no está dispuesto a asumir los costos personales y los miedos a los cambios necesarios.

En los medios de comunicación, las redes y hasta en ciertos espacios de nuestras organizaciones políticas se han despertado expectativas o dudas respecto a 2018, cuando no esté la generación que lideró la Revolución al frente de los principales cargos del gobierno.

¿Acaso la continuidad del proyecto descansa únicamente en la renovación de dos o tres puestos clave? Por muy valiosos que sean los nuevos compañeros, ¿cuánto podrán hacer si no cambia el entramado burocrático del país?, ¿cuánto podrán hacer sabiendo, además, que no cuentan con la autoridad moral que tiene la llamada generación histórica?

Definir el gobierno eficaz como uno de los ejes estratégicos del plan de desarrollo 2030 o limitar el tiempo de permanencia en los cargos son buenos pasos, pero no son suficientes. Cuba debe plantearse una ofensiva contra la vieja burocracia (que no sea conducida por ella misma), una desmitificación del relevo. Más que una renovación generacional, se precisa una renovación de la mentalidad. No es posible el tan cacareado e indispensable cambio de mentalidad si no cambiamos a los portadores de la vieja mentalidad.

De compañeros valiosos he oído decir que la generación histórica cumplió su rol y ahora nos toca a nosotros preservar lo que hicieron. Siempre he discrepado con ello. Una revolución nunca es tal si solo se dedica a preservar algo. Los jóvenes tenemos que continuarla, desbordar sus límites, hacerla nuestra y generar las condiciones para que algún día otros hagan lo mismo. Esa es la única manera de seguir siendo revolucionarios.

Para que ese paso avasallador de los jóvenes signifique continuidad y no ruptura con el proceso emancipador que nos trajo hasta aquí, es preciso declarar la guerra a la vieja burocracia, con mecanismos transparentes, con el apoyo popular y el liderazgo de la generación histórica.

De lo contrario, la vieja burocracia (como ya lo hace) negará todo avance del espíritu primigenio de la Revolución y los jóvenes (como ya lo hacen) emigrarán a otros países o a la individualidad de sus posibles proyectos personales.

La generación histórica aún tiene una gran tarea por delante: despejar el camino a los que vienen atrás, empoderar no a quienes pretenden un limitado mantenimiento de lo logrado, sino a quienes representan el ímpetu y los valores que les llevaron a fundar el proyecto revolucionario de 1959. 

miércoles, 4 de enero de 2017

Vivir en Cuba

"Yo quiero seguir jugando a lo perdido,

Yo quiero ser a la zurda más que diestro."

Silvio

Por Carlitos

Los cubanos somos de ir a los extremos. En los 80´s le tiraban huevos a quienes se iban de Cuba y ahora resulta que se mira como locos a quienes explícitamente manifiestan querer vivir aquí. A modo de esos ejercicios que hacemos cuando termina un año y comienza otro, listo aquí las razones de por qué lo hago yo.

Vivo en Cuba porque aquí está mi familia, una familia grande y unida, que se reúne todos los domingos y busca el mínimo pretexto para estar juntos, que disfruta como nada las alegrías de los otros y "se cierra" cuando alguno enfrenta dificultades.

Mi familia es un universo propio que contagia y da muchas fuerzas. No es perfecta ni homogénea, pero ha aprendido que ninguna diferencia importa más que vivir en armonía. Y no sé si por eso o al revés, ahora mismo padres, hijos, parejas, nietos, estamos todos aquí.

Vivo en Cuba porque aquí está la mayor parte de mis amigos, seres extraordinarios que saben ser felices con muy poco, que no tienen mayor alegría que vernos para compartir éxitos y flaquezas, y cuyas vidas admirables me hacen sentir vergüenza cada vez que vacilo. La añoranza por los que se han ido hace valorar más lo que es tenerlos a menos de una llamada telefónica.

Vivo en Cuba porque sigo creyendo que ese ambiente familiar y fraternal, este país y su gente (con todas las faltas que tenemos) es un lugar fabuloso para que crezcan mis hijos. Este es, ante todo, su país: amargo en la realidad, pero bello en su espiritualidad. Aquí están sus primos y los hijos de los amigos, una familia de pequeños increíblemente importante para ellos.

Vivo en Cuba porque aun puedo trabajar en algo que me gusta y cercano a personas cuyos quijotescos esfuerzos por sacar las cosas adelante establecen compromisos que uno no puede eludir, aunque el salario no alcance y haya que apelar a otras fuentes de ingresos personales.

Vivo en Cuba por el optimismo que me trasmiten mis alumnos y la responsabilidad que siento al impartirles un par de semestres en su carrera, representantes de una generación asediada por escaseces, falta de referentes, desinformación y consumo banal, pero portadora de valores propios, que no ofrece más porque hemos querido convocarla con las armas de ayer.

Vivo en Cuba porque sigo creyendo que tenemos potencial como ningún otro país para construir una alternativa socialista: la calidad humana de la gente, el compromiso de nuestros intelectuales, la politización de la vida, la tradición de lucha. Si Cuba derrocha su oportunidad, sería uno de los mayores desperdicios de la historia.

Muchos se han cansado (es su derecho) y pareciera que cierta tozudez y estrechez de miras burocrática quiere que se cansen más. Pero, ¿cuál sería la suerte de las revoluciones si no hubiera quienes persisten en las condiciones más adversas?

Aquí están, persistiendo contra todo demonio, mis mejores profesores universitarios, reconocidos intelectuales, campeones olímpicos, valiosos médicos, científicos, maestros, militares, obreros. Algunos con mucho menos de lo que podrían y otros sobreviviendo a duras penas. Si ellos están aquí, no creo que tenga fuerzas para no estar yo.

Vivo en Cuba, precisamente, porque no podemos dejarle el camino llano a quienes quieren subvertir un proyecto de país que tanto ha costado y que aún tiene mucho que hacer por "los de abajo"; ni a burócratas acomodados, ni a mercaderes camuflados, ni a anexionistas o apologistas de sistemas fallidos. Para los que creen necesario darla, la pelea es aquí y ahora, más que nunca.

Por eso vivo en Cuba. Son mis razones, no tienen que ser las de otros. No sé cuántas me sigan acompañando y por cuanto tiempo, pero siento que algunas seguirán siendo demasiado poderosas.