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viernes, 1 de abril de 2016

Entre fieras


Por JS
Acabo de leer la excelente crónica The Rolling Stones en La Habana, a un disparo de distancia; dice el autor, para regresarnos a la realidad después del encanto: “El reguetón ubicuo –que sale de las casas, de los autos, de los puestos de venta, de las bocinas portátiles, de las almas– nos recuerda que, aunque hermoso, el encanto ha terminado. El concierto de The Rolling Stones fue un espejismo en un desierto en el que rara vez podemos obtener lo que queremos”.
Y es que vivimos entre fieras, por demás paranoicas y glamourosas. Ahora querrán adosar el epíteto a la gente común, a los que luchan día a día, a las mujeres que se agolpan en las TRD para acaparar y revender…
Entre nosotros caminan –y amenazan otras fieras–. Corren sus autos de madrugada por las avenidas, con la licencia de un apellido y una herencia. Desandan las redes y los mares con impunidad, si acaso un regaño o menos visibilidad pública. Se empinan desde sus triunfantes experiencias de empresarios para apuntalar la opción de un tránsito suave al capitalismo. Critican la visita de Obama desde las ramas y reciben con brazos abiertos las buenas y solventes intenciones civilizatorias de los europeos; porque, al parecer, seguimos siendo los atrasados a los que debe ilustrarse. Hablan de Nación y Estado como si fuera un asunto para las almas sublimes; y relanzan la brecha “entre los de aquí y los de fuera”, el cisma al que combaten en discurso pero que resignifican desde el esencialismo del “exiliado”. Redactan editoriales conservadores, que enervan la sangre de los revolucionarios. Se mofan de un blog que reivindica el socialismo como alternativa, pero comentan en los espacios noticiosos de la Televisión Nacional. Confunden argumentos y seriedad en el debate con una inventada “cibermambisada”.
Así, entre cambiantes, “apapachadas” y vergonzantemente radicales desandan las fieritas. En su paranoia se polarizan, se dan las manos y danzan, extendiendo sus pasos de extremo a extremo del salón.  

Paranoica Fierita Suite
Fito Páez
Iba duro pero armado hasta los dientes por la vida
Y no había otra, lo tenía que hacer
Iba solo a puente Alsina y veía policías en los bares
Y en la calle también
Le llevaba a los tangueros 15 mogras del abuelo
Que era el capo de la calle Tomás de Anchorena,
La del chofi, de la mala, de la buena,
Toman todos perinola mortal
Paranoica fierita te cargabas una cantidad
Se encontró con los tangueros, unas perras, un tumbero,
Dos modernos que fumaban mucho crack, y un pirómano bombero,
Todo en un pequeño agujero que decía le gustaba incendiar
Pero que era tan, tan bueno que siempre apagaba
El fuego que tenía la ilusión de crear
Un planeta imaginario para amar y hacer el daño
Donde no esté prohibido desear
Buenos Aires igualito que en los tiempos de Roberto Arlt

Él sabía que guardaban la mandanga en una media,
En la viola, en el ropero o en el sucio bandoneón
Los tangueros eran viejos muy dementes, muy despiertos
Si podían no pagar, les resultaba mejor
Y nunca tomaban mucho, les vendían a los giles
Para que se den coraje, fuerza, coraje y valor
Paranoica fierita: miserables mercachifles,
Esto ya parece un chiste
O me pagan o les hundo uno a uno el cañón.

Narrador: se llevó toda la merca, al tumbero lo hizo socio
Y el abuelo así un buen día lo recompensó,
Le dio flores, caballito hasta el parque Rivadavia,
Le dio un súper porcentaje y una gran comisión,
Que no hiciera mucho ruido, que no fuera presumido,
Guarda con los de la noche, guarda con el rock and roll,
Los consejos le sirvieron, fue ganando su respeto
Y fue clásico y astuto con la tradición
Y así se cargó al abuelo, se quedó con todo y no desanimó.

Paranoica fierita iba armado hasta los dientes,
Pero ahora, treinta años después
Lo eligieron empresario metalúrgico del año,
Los muchachos se lo quieren comer,
El tumbero ya no es socio, le vigila los negocios
Y le lleva chicos del comedor popular y solidario por la Patria
Y en el baño les ofrece sueldo alto y pasión
Le gustaba el rubiecito de ojos verdes
Paranoica fierita: ese es un bombón
Narrador: le decían el polaco y por un par de morlacos
Cocinaba guiso en el comedor,
Que no era ningún boludo
Registró todo en un walkman,
Sus gemidos y los de su patrón, las promesas de los viajes,
Matrimonio en Filipinas, los pedidos de la ropa interior,
El tumbero lo sabía, el polaco era su Otelo
Y él su Yago para hacerle el favor,
Paranoica fierita, Juan Lewinsky se te enamoró.
https://www.youtube.com/watch?v=XzuJKYm4qFg


miércoles, 16 de marzo de 2016

Otra gota, y otra… y otra


A propósito de la visita de Obama
Por JS
Me acosa el carapálida con su forma de ver
su estética, su ángulo, su estilo, su saber.
Silvio Rodríguez
Hay verdades cantadas y otras no tanto. Hay hechos que levantan una algazara tremenda, tanta que llega a obstinar – en el sentido más cansino de la palabra –. Es el caso de la próxima visita del presidente Obama a Cuba. Uno trata de mantener la prudencia por varias razones: para no disminuir el significado real de este acontecimiento, por evitar “montarse” sobre el hecho con un discurso de barricada o viendo la posibilidad de hablar con más crudeza de nuestros innumerables problemas, por no entrar en la “moda” de las redes sociales… En fin.
No es cosa fácil. Han sido muchos años de un discurso político que puso en el mismo nivel simbólico la lucha por el socialismo y el enfrentamiento al imperialismo norteamericano. A veces parecía que el socialismo fue la opción de proyecto que se identificó como la forma mejor de legitimar el enfrentamiento a los Estados Unidos. Por otro lado, han sido muchos años de querer, desde el Norte, “jodernos” por todas las vías posibles. ¿Cuánta gente, en cuántos programas docentes, ha recibido un historial de las agresiones de los Estados Unidos contra Cuba?
Más allá de esto, la principal pregunta que me hago con esta visita es ¿cuál es su contenido, su probable efecto real?
Sobre las visibilidades
En este sentido, probablemente habrá tres beneficiados potenciales. Digo potenciales, porque uno de ellos – el gobierno cubano – tendrá que hilar muy fino en materia de comunicación, manejo de la información y aprovechamiento de la visita. Sí, aprovechamiento, con toda la carga utilitaria con que suena.
Los tres beneficiados podrían ser la administración del presidente Obama – o él mismo –, el gobierno cubano y los partidarios del restablecimiento de la dominación de los Estados Unidos en Cuba. En todos los casos sería por un proceso de legitimación.
Obama, certificaría con un hecho diplomático sin precedentes el cambio táctico en la política hacia Cuba. Ya el tren de la “normalización” – que antes intentó asomar su cara con Kennedy y Carter – lo había tomado. Sobre las razones de este rejuego en el contexto latinoamericano actual – y también en la coyuntura cubana – se ha escrito bastante.
En su calidad de actor de este proceso, el gobierno cubano también se legitima. La cobertura mediática y el hecho de situarse durante unos días en las principales noticias están garantizados. En realidad no es algo que le debamos a Obama, la condición sui generis de esta cobertura radicará en la polarización que ha marcado la relación entre ambos gobiernos durante las últimas seis décadas.
Finalmente, la denominada disidencia pro-norteamericana puede resultar una beneficiada colateral. ¿Cuáles serían los posibles escenarios de ese beneficio? 1. Que Obama se reúna con sus representantes (ya sabemos que muchas agencias situarán estas noticias por encima de otras actividades “oficiales”); 2. Que no lo haga y comience entonces el culebrón de las denuncias o la descalificación de la propia visita.
Lo que sí me parece cantado, es que excepto las mejoras de algunas calles por las que circulará la comitiva, la aceleración de los arreglos del estadio Latinoamericano, retoques en la Universidad de La Habana y la celebración del juego con el Tampa Bay la visita en sí no tendrá un efecto en la mayoría de la gente en Cuba. El verdadero efecto de la visita llegará – si lo hace – como parte de un proceso que comenzó en diciembre de 2014, va a un ritmo lento y tiene sus amagos desde la década del sesenta; marcado por momentos de acercamiento, distanciamiento y confrontación.
Sobre el utilitarismo
Las fronteras entre “utilizar” o “ser utilizado” son difusas. Éticamente puede resultar criticable situar esos términos como categorías de análisis. Además, en esta pelea “de león pa’ mono” es casi risible hablar de utilizar a nuestro favor el denominado proceso de “normalización”.
Una de las claves pasa por entender qué tiene la categoría central en la Cuba actual. Si en determinado momento la permanencia del proyecto transitaba por cuestiones ideológicas y políticas; ahora mismo el elemento regulador de la estabilidad (o no estabilidad) del país pasa por lo económico. Es cierto que la sociedad funciona como sistema, pero también, que el debilitamiento del ideal de socialismo y los daños al consenso Estado-pueblo en los últimos años pasan, principalmente por las deformaciones económicas y sus ramificaciones en todas las áreas.
No se trata ahora de asumir que un viraje hacia las relaciones económicas con los Estados Unidos sería nuestra tabla de salvación, un axioma que intentaría articular lo impensable: el socialismo con la principal potencia imperialista. Por cierto, me permito un comentario al margen del tema central, las formas de hacer política en Cuba han sido – en ocasiones – tan burdas y manidas, que mucha gente reacciona ante lo sórdido (agresiones, sanciones extraterritoriales) y permanece en paz ante lo sutil (pago por terceros, agencias para la democracia, reproducción del esquema cultural europeo que considera que tiene que “alfabetizarnos” en cómo construir la democracia).
Regresando al tema, la condición satelital y la dependencia – a veces parece tan cara a la cultura económica cubana – que nos hizo gravitar, por razones diversas, entre España, Estados Unidos, la Unión Soviética, el CAME, Venezuela… ha demostrado que no es un camino para la permanencia del proyecto. Ello no significa, que se desechen las potencialidades de un intercambio con los norteños. En esta tesitura, más allá de las demandas que ratifica el gobierno cubano, podría preguntarse al presidente Obama: ¿situaría como primer escenario de esa “normalización” las relaciones económicas? ¿Tendría interés en modificar la tendencia de identificar como principal interlocutor a los empresarios privados y no a las empresas estatales cubanas? ¿Aceptaría las esferas de cooperación económica definidas en la cartera de negocios cubana o intentaría imponer sus intereses de inversión? ¿Compartiría una posición de horizontalidad respecto a otros socios comerciales o por saldar la deuda histórica – y aprovechar la geografía – apostaría por el dominio económico sobre Cuba? Claro que estas interrogantes superan y escapan a sus posibilidades como presidente, pero sirven para ilustrar la multitud de interrogantes que genera el proceso, en el que la visita es un aderezo – importante – pero aderezo al fin.
Con estos y otros debates recibe Cuba al presidente de los Estados Unidos. Sin espuela, sable y arnés, en esta ocasión con la cara menos pálida; pero con los mismos arrebatos consustanciales a la mentalidad de poder de la nación que dirige.  
Ahhh… casi se me olvida. Hay mil cosas que hablar de Cuba, pero eso lo hacemos cotidianamente en A mano y sin permiso y sin Obama.
Me acosa el carapálida
Me acosa el carapálida que carga sobre mí,
sobre mi pueblo libre, sobre mi día feliz.
Me acosa con la espuela, el sable y el arnés;
caballería asesina de antes y después

Me acosa el carapálida norteño por el sur,
el este y el oeste, por cada latitud.
Me acosa el carapálida que ha dividido el sol
en hora de metralla y hora de dolor.

La tierra me quiere arrebatar,
el agua me quiere arrebatar,
el aire me quiere arrebatar,
y sólo fuego,
y sólo fuego voy a dar.

Yo soy mi tierra, mi agua, mi aire, mi fuego.


Me acosa el carapálida con el engaño vil,
con cuentas de colores, con trueque de uno a mil.
Me acosa con su elixir de la prostitución.
Me acosa con la gloria perdida de su Dios.

Me acosa el carapálida con su forma de ver
su estética, su ángulo, su estilo, su saber.
Me acosa el carapálida con sintetización
y quiere ungirme el alma con tuercas de robot.

Me acosa el carapálida con la guerra sutil
hasta que digo basta y carga sobre mí.
Me acosa con su monstruo de radiactividad,
su porvenir de arena, su muerte colosal.

Me acosa el carapálida que siempre me acosó,
que acosa a mis hermanos, que acosa mi razón.
Me acosa el carapálida que vive de acosar,
hasta que todos juntos le demos su lugar.
(1979)


miércoles, 9 de marzo de 2016

Para no tener que escapar


Por JS
Para que seas buena esposa
y no envejezcas sola,
en la cama y la cocina has de saber
alegrar a tu marido y cuidar a cada hijo…
Ismael Serrano
No soy un feminista. Al menos en el sentido que ha ido tomando el término en los últimos años, en el sentido de declararse como tal y vincularse al activismo en forma directa. En el sentido de sustentar esa condición con referencias teóricas y una multitud de citas.
A pesar de existir en Cuba una organización nacional que agrupa – cada vez más formalmente y con menos efectividad práctica – a las mujeres, a pesar de las estadísticas que exhibe el país en el papel de la mujer como fuerza laboral y técnica y su incorporación a cargos de dirección; quedan muchas cosas por hacer. A los problemas heredados, se suman otros en el nuevo contexto de transformaciones que se producen. Las mujeres concurren en desventaja a los procesos de idoneidad laboral y a la nueva oleada de emprendimientos privados; no existe una efectiva protección a las jefas de hogar; todo esto en un país con un elevado índice de envejecimiento poblacional.
Si agregamos el machismo rampante, consecuencia de una cultura y política masculina blanca, que a pesar de la revolución que triunfó en enero de 1959 no ha logrado liberarse del esquema mental del capitalismo europeo y de las fórmulas ortodoxas del antiguo socialismo “realmente existente”, e incluso los reproduce en asuntos como la lucha por los derechos de la mujer; para muchas cubanas quedará – como para la Caperucita de Ismael Serrano – la opción de volar. Luchemos porque ese vuelo no sea para escapar.
Caperucita
Caperucita sólo tiene dieciséis
primaveras sin flores, papá le dice: "Ven.
Caperucita eres joven y tienes que aprender
a ocuparte de la casa, que serás una mujer.
Para que seas buena esposa
y no envejezcas sola,
en la cama y la cocina has de saber
alegrar a tu marido y cuidar a cada hijo,
que te atrapa tu destino,
que has de ser madre y esposa".
Y la pobre Caperucita llora.
"Quiero volar, lejos de aquí escapar.
Dime, mi bien, quién me llorará
si me dan alas y echo a volar.
Quiero dormir, no quiero despertar,
quiero ser la lluvia al otro lado del cristal,
quizás alguien me espere en la oscuridad".
Una fría tarde Caperucita iba
a casa de su abuela a llevarle comida,
cuando se encontró con un lobo feroz.
Dime dónde vas niña, que te acompaño yo.
La muchacha se supo perdida.
Gritaba Caperucita
mientras la devoraba el lobo.
Bajo la falda del vestido
estallaron los dormidos
sueños que en la noche
la mantenían viva. Pobre Caperucita.
"Quiero volar, lejos de aquí escapar.
Dime, mi bien, quién me llorará
si me dan alas y echo a volar.
Quiero dormir, no quiero despertar,
quiero ser la lluvia al otro lado del cristal,
quizás alguien me espere en la oscuridad".
Una gris mañana Caperucita se casó,
vestida de blanco, bella como una flor.
Su marido, muy elegante, otro lobo feroz,
y su padre orgulloso lloraba de emoción.
Ahora cada noche el lobo la devora,
clava sus dientes, y llora
Caperucita mientras espera a que un aullido
le diga que el dormido animal despertó.
Después descansa tranquilo el malvado lobo feroz.
La cara de Caperucita alumbra una sonrisa
mientras mece una cuna. En ella está una niña,
quizás futura oveja para un lobo feroz,
a no ser que afortunada la rescate tu amor.
Caperucita la arrulla contra el pecho
y un murmullo lento, lleno
de esperanza y vida,
canta Caperucita.
"Quiero volar, lejos de aquí escapar.
Dime, mi bien, quién me llorará
si me dan alas y echo a volar.
Quiero dormir, no quiero despertar,
quiero ser la lluvia al otro lado del cristal,
quizás alguien me espere en la oscuridad.
Quiero volar".
https://www.youtube.com/watch?v=DraatpWuDAE



miércoles, 17 de febrero de 2016

La pluralidad de los amaneceres


Por JS
Un hombre simplemente sale a mirar el día
y se deja quemar por ese resplandor,
y decide salir a perseguir el sol
Silvio Rodríguez
En los sesenta y los setenta el despertar estaba más politizado. O quizás había un sentido más restrictivo y encuadrado de la política. La Revolución cubana jugó un papel en esa politización, desde su posición – inicialmente heterodoxa – avivó las esperanzas de las esclerosadas izquierdas europeas, desafió el desgastado dogma soviético y sus ramificaciones en muchos partidos comunistas y reivindicó la potencialidad revolucionaria de “los condenados de la tierra”. América Latina era un hervidero y la canción de Silvio “Un hombre se levanta” vino como anillo al dedo a la teleserie “Los comandos del silencio”.
El clima al amanecer era secundario, la necesidad de un cambio – apegado a las aspiraciones de los sectores populares – era el epicentro. La polarización era más clara, quizás un efecto de esa centralidad de lo político. La violencia revolucionaria no había sido anatematizada – aunque se discutía y una parte de la denominada izquierda la veía como algo contraproducente, peligroso e innecesario – y se privilegiaban las opciones de un cambio integral de la sociedad.
A diferencia de esas décadas, los amaneceres de ahora son plurales, diversos y a veces, vacíos. Sin embargo, ¿vale la pena una añoranza bucólica? Se trata de reivindicar los despertares nuevos de los cubanos y resignificar el heroísmo.
En un ambiente menos politizado en lo formal – porque sabemos que toda esa mierda de “no hablar de política” o “meterse en política” es lo más ideologizado del mundo – salir cada mañana a “batirse” con el transporte público (o privado, no descartar la competencia por las máquinas de alquiler); trabajar por un salario que no alcanza o ser explotado “gustosamente” por el dueño de un negocio privado; chocar con los precios del agro o el desabastecimiento; convivir con una apabullante falta de cultura de los servicios y convertir las casas en almacenes de materiales de construcción para restañar grietas; son expresiones de esa voluntad que mantienen muchos de perseguir el sol. El suyo, sí; que podría articularse con el de otros.
Nos pasamos la vida exaltando lo que hacen nuestros profesionales en otros países, es válido. Pero aquí hay pruebas cotidianas, que si pudieran presentarse sin apología y distanciamiento de la realidad serían muy útiles.
Todavía hay personas – muchas veces funcionarios y dirigentes – que se levantan, se asoman a la ventana y repiten la lógica de ese 1971 que aparece en la canción de Silvio. Son los menos y no en todos los casos, ese amanecer se traduce en perseguir el sol; al menos, el sol colectivo que necesitamos. En realidad, no hay que buscar tanto para encontrar el heroísmo en nuestras calles, en las personas consideradas más simples.

Un hombre se levanta
1971
Un hombre se levanta
temprano en la mañana,
se pone la camisa
y sale a la ventana.
Puede estar seco el día,
puede haber lluvia o viento,
pero el paisaje real
―la gente y su dolor―
no lo pueden tapar
ni la lluvia ni el sol.
Una vez descubierta
esta verdad sencilla,
o se sube a la calle
o se baja a la silla.
O se ama para siempre
o ya se pierde todo:
se deja de jugar,
se deja de mentir,
se aprende que matar
es ansia de vivir.
Un hombre se levanta
y sale a la ventana,
y lo que ve decide
la próxima mañana.
Un hombre simplemente
sale a mirar el día
y se deja quemar
por ese resplandor,
y decide salir
a perseguir el sol.


miércoles, 3 de febrero de 2016

Sobre el trastorno bipolar


Por JS
En el amor el bipolarismo parece una bendición. Al menos así lo presentaron Evangelina Sobredo (Cecilia) cuando grabó su sencillo “Un ramito de violetas” en los setenta y quienes posteriormente versionaron la canción: Manzanita, Pastora Soler, Zalo Reyes, Pablo Milanés y Víctor Manuel, Lolita Flores, entre otros. El encanto de ese movimiento lo reivindicó también Ana Belén cuando interpretó “Entre dos amores”: la pasión llega con el cambio, la locura con el vértigo de la transitividad.
Parece que el éxito amoroso depende de lo caótico del movimiento. Cuando el traslado se ordena y ocurre en una dirección puede ser fatal. Así ocurre en “Un extraño en mi bañera”: el movimiento deriva en la violencia. Siempre existe la posibilidad de culpar al “otro”. En esta canción “el otro” es un tercero: el alcohol.
Ese relativismo – oxigenante en el amor – es nefasto en la política. Después de liberarnos de esa tontería que la tipifica y naturaliza como “sucia”, podría sacudirnos la necesidad de reivindicar formas diferentes de “hacer política”. A fin de cuentas, somos los hombres y las mujeres quienes la enturbiamos.
Si a Cecilia le funcionó en su canción representar un sujeto múltiple y único: un marido demoníaco y con mal genio, y a la vez amante desconocido y poeta; a quienes vivimos en Cuba no nos funciona esa fórmula aplicada en la política. Los saltos no apasionan, desorientan. No oxigenan, desmotivan.
El trastorno bipolar se expresa en las más diversas formas. Hemos mencionado antes la política exterior. Los éxitos de la derecha en Venezuela y Argentina, los vaivenes de Brasil, han obligado a replantearse geopolíticamente las relaciones económicas del país. Sin embargo, ya desde antes se prefería un acercamiento a Peña Nieto que una condena enérgica al crimen de Ayotzinapa.
En lo económico, el discurso de “sostenibilidad y prosperidad socialista” encubre el ensanchamiento de la diferenciación y la tendencia a privilegiar la pequeña y mediana propiedad privada capitalista. En el caso de las cooperativas, son las inducidas por el Estado las que vencen con mayor celeridad todos los trámites burocráticos. Como economía y política van de la mano, una parte de los “nuevos emprendimientos y empresarios” están familiarizados – de una forma u otra – con importantes figuras políticas del país. Esa realidad, que muchas veces es un secreto a voces, tiene un funesto saldo simbólico para la preservación del ideal socialista.
En lo político, después de los ejercicios democráticos que significaron las discusiones del discurso pronunciado por Raúl Castro el 26 de julio de 2007 y el proyecto de Lineamientos; sobrevino una progresiva disminución de estas experiencias. Momentos como la aprobación del Código de Trabajo y la Ley de Inversión Extranjera fueron una expresión. El clímax ha llegado con el VII Congreso del Partido Comunista: 1. Se desarrolló el proceso de asambleas municipales y provinciales, con la consecuente elección de los principales dirigentes partidistas en los territorios, antes de definirse el tema central de discusión del Congreso; 2. Todo parece indicar que no existirá un proceso de discusión en la base y que el paso previo al debate en el cónclave será “una discusión de especialistas y políticos”.
Otro terreno de dobleces se encuentra en la reivindicación de las demandas particulares de grupos o individuos. Si por un lado se ha visibilizado y promovido la lucha contra la homofobia con participación institucional (CENESEX) y parlamentaria (diputada Mariela Castro); asuntos como el racismo, la violencia contra la mujer, su lugar en la familia o la terciarización del empleo femenino no han corrido igual suerte.
Serían muchos los ejemplos de estas traslaciones en la política de la Cuba actual. El problema está en que no parecen movimientos pensados, sino bandazos. Y los bandazos en la política no tienen el encanto que se les atribuye en las canciones de amor.


Un Ramito de Violetas


Era feliz en su matrimonio
Aunque su marido era el mismo demonio
Tenía el hombre un poco de mal genio
Y ella se quejaba de que nunca fue tierno
Desde hace ya más de tres años
Recibe cartas de un extraño
Cartas llenas de poesía
Que le han devuelto la alegría
Quien le escribía versos dime quien era
Quien le mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
Le mandaba un ramito de violetas
A veces sueña y se imagina
Cómo será aquel que tanto la estima
Sería un hombre más fiel de pelo cano
Sonrisa abierta y ternura en las manos
No sabe quien sufre en silencio
Quien puede ser su amor secreto
Y vive así de día en día
Con la ilusión de ser querida
Quien le escribía versos dime quien era
Quien le mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
Le mandaba un ramito de violetas
Y cada tarde al volver su esposo
Cansado del trabajo la mira de reojo
No dice nada porque lo sabe todo
Sabe que es feliz, así de cualquier modo
Porque él es quién le escribe versos
Él, su amante, su amor secreto
Y ella que no sabe nada
Mira a su marido y luego calla
Quien le escribía versos dime quien era
Quien le mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
Le mandaba un ramito de violetas





jueves, 14 de enero de 2016

Las trampas de las palabras


Por JS
Ya hemos dicho en A mano y sin permiso que el lenguaje es un terreno de batalla, ergo lo son las palabras. Lo han visto y dicho muchos, uno de ellos – con quien venimos dialogando desde hace un tiempo – el músico rosarino Fito Páez.
La habilidad tramposa de las palabras es histórica y moderna a un tiempo. Nos asalta cotidianamente desde los giros utilitarios que toman vocablos como ‘libertad’, ‘democracia’, ‘participación’, ‘izquierda’, ‘derecha’… pero en ese utilitarismo, se van perfilando las posiciones extremas.
Hay otra “trampa” de las palabras que no tiene que ver con la obstinación. Se basa en la capacidad de los “palabreros” para moverse de un extremo a otro, e incluso tomarse un descanso neutral. Eso, que fue excepción en Cuba – claro que desgraciadamente estaba enmascarado en una polarización delirante – ahora se va convirtiendo en moda. Reproduce el tránsito de prohibido a obligatorio que nos ha asaltado en los últimos años – sobre todo en asuntos artísticos y literarios – como fórmula para saldar las deudas de la ortodoxia seudomarxista.
Ejemplos de esa movilidad “palabrera” hay muchos. Hay un know how de la movilidad, uno que se engarza con ese amor cubano por el juego de dominó. Un millar de palabras se ponen sobre el tablero y “se da agua” : algunas se excluyen para luego tomarlas; otras se cambian de lugar, se acomodan. Así, de un millar salen cuatro mil y parecen diferentes cuando irrumpen en Cubadebate, OnCuba, Granma o en un blog. A veces han llegado a convertirse en libros.
Esas son trampas de las palabras. Palabras que – ingenuamente – han sido engañadas antes, con la ilusión de tener vida propia. La verdadera movilidad no les pertenece, son patrimonio del “palabrero” que se acomoda a veces al “buen comportamiento” ante el oficialismo, otras a la vanidad que en ocasiones – aclaro, solo en ocasiones – acompaña al intelectual en su individualidad creadora y otras – cada vez más – a la paga.
Emboscados, creemos. No todos tienen esa certidumbre de Fito: “Nunca creo en lo que nombran las palabras”. Aún con ella – con la certidumbre – necesitamos las palabras. La clave está en liberarlas, en exorcizar el espectro en que se parapetan los “palabreros” y desenmascararlos. Así las palabras no servirán de escondite a “tontos importantes” y dejarán de ser “la apariencia bien organizada”.
Las palabras son tramposas y “trampeadas”. Igual nosotros. ¿Serán humanas las palabras? ¿Cuánto habrá de trampa en este post y su autor?
Las palabras
Fito Páez
Las palabras hacen trampa
Nunca creo en lo que nombran las palabras
Las palabras del temblor, del desatino
Las palabras que desvíen el destino
Las palabras son sagradas, buen amigo

Las palabras me hacen falta
Me hacen falta cien millones de palabras
Las palabras siempre se las lleva el viento
Pero yo las necesito, somos dos viejos amantes
Muy chiflados, muy astutos, desafiantes...
Son el arma con la que me das consuelo
El cuchillo que se hunde en mi pellejo
La apariencia siempre bien organizada
Las palabras son traiciones de alto vuelo

Las palabras hacen trampa
Nunca creo en lo que nombran las palabras
Ahí se esconden muchos tontos importantes
Pero no te creas nada de lo que te diga nadie
Las palabras nos enseñan el coraje

Las palabras me hacen trampa
Nunca creo en lo dicen tus palabras
Las mías son iguales, siempre meten confusión
La tensión entre tus versos y el lenguaje
La tensión entre mis besos y tu amor...
Son el arma con la que te doy consuelo
El cuchillo que te hundo en tu pellejo
La apariencia siempre bien organizada
Las palabras son traiciones de alto vuelo.

Las palabras me hacen falta
Me hacen falta cien millones de palabras
Las palabras del amor y del hastío
Las palabras que desvíen mi destino
Las palabras son sagradas como el vino

Las palabras no me creo lo que dicen
Mis palabras son el centro del misterio
Las palabras nos explican lo que nunca entenderemos
Si fue cierto, fue mentira o si al fin fue todo un sueño


Mis palabras...las palabras...


https://www.youtube.com/watch?v=DK-nAhjxmD8


martes, 24 de noviembre de 2015

Por un planeta de osos


Pero un día vino el hombre con sus jaulas
me encerró y me llevó a la ciudad.
En el circo me enseñaron las piruetas
y yo así perdí mi amada libertad.

Por JS
Esta canción, enmascarada en un toque infantil, se explica sola. Las dimensiones de la libertad, la asimilación, el asistencialismo y la imposición de una “opción de bienestar” desfilan en la letra. En estos tiempos de pobreza humana, “el oso” es un arquetipo de resistencia y lucha.
La libertad no es patrimonio de nadie y cotidianamente, se vulgariza. Por un lado, en los límites claros a la participación y la decisión colectivas, fortaleciendo una forma de construir el poder verticalista. A veces el Estado; otras, el capital. Claro que este último parece más dulce, se viste de oveja y no orienta, compra. Por eso los debates sobre “la libertad” parecen, cada vez más, una justa semántica de extremistas. “Acabar con el Estado y sus instituciones todopoderosoas” y de paso, someternos al esquema libertario y excluyente – pequeña contradicción – del capitalismo.
El conflicto es álgido. El oso es libre en el bosque, es su remanso. Desgraciadamente, ese hogar localista se ha convertido en otra práctica de exclusión. Sí, el poder acepta a veces esa ilusión de libertad y decisión que se produce a pequeña escala y las “izquierdas” presentan como conquista una experiencia territorial. ¿Podrá replicarse? ¿Qué peso tiene en un sistema de dominación global?   
A diferencia del oso, a los hombres las jaulas no solo nos agreden, muchas veces caminamos a ellas. Vivimos en un circo universal, las piruetas se aprenden con rapidez e incluso, aparece la “pirueta doble”: esa que repiten algunos periodistas, analistas, blogueros y políticos, una pirueta que se basa en definirse crítico y acusar a todos de cirqueros. A veces se intenta una pirueta colectiva, se convoca a un plantón libertario, de resistencia; y de facto se cumple la pirueta originaria: la de los hilos y la inocencia del títere.
La llamada a conformarnos con esta situación nos llega de tigres viejos, y jóvenes. Lo más normal en este mundo es pasar por encima de otros para alcanzar un beneficio personal. Eso es comprensible, al menos al principio. Pero no se vendan entonces como “osos libertarios”. No se construye una comunidad liberadora cuando las lealtades se basan en dividendos.
El oso de Fito estuvo amodorrado cuatro años. La laxitud sirvió de máscara, la memoria perdura. Alguien olvida siempre cerrar el candado. Es necesario aprovechar esos olvidos. Hay candados nuevos y diferentes.
A pesar de todo, de los problemas de castas y los enemigos íntimos, de toda la carga – a la manera de Villena – que debe hacerse en Cuba; no veo aun otra plataforma que la nuestra para luchar por un planeta de osos libres.   
El oso de Fito Páez
Yo vivía en el bosque muy contento,
caminaba, caminaba sin cesar.
Las mañanas y las tardes eran mías
a las noches me tiraba a descansar.

Pero un día vino el hombre con sus jaulas
me encerró y me llevó a la ciudad.
En el circo me enseñaron las piruetas
y yo así perdí mi amada libertad.

Confórmate me decía un tigre viejo,
nunca el techo y la comida han de faltar,
sólo exigen que hagamos las piruetas
y a los niños podamos alegrar.

Han pasado cuatro años de esta vida,
con el circo recorrí el mundo así
pero nunca pude olvidarme de todo,
de mis bosques, de mis tardes y de mí.

En un pueblito alejado
alguien no cerró el candado.
Era una noche sin luna
yo dejé la ciudad.

Ahora piso yo el suelo de mi bosque,
otra vez el verde de la libertad.
Estoy viejo pero las tardes son mías
vuelvo al bosque, estoy contento de verdad.

https://www.youtube.com/watch?v=u9LufaDS_zo

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Los límites a la posibilidad: ¿se vuelven contra quién?


Y la luz se hizo en la oscuridad,
te prometo dejarme llevar,
bienvenido a este tiempo, tendrás que pelear,
bajo el mismo sol, igual que todos los demás,
a tragar veneno y a brindar felicidad,
como todo el mundo, igual que los demás.
Fito Páez
Por JS
Hace unos días, dialogando con Bolero y habaneras de Silvio Rodríguez, hablamos de ese asalto contemporáneo ordenado a manera de castas. Situamos la herencia familiar como un lugar común y en un breve acercamiento tocamos algunas aristas del problema.
¿Contra quién se vuelve esa campana económica y de relaciones? Contra ellos no – al menos a corto plazo – porque con la herencia “castiza” casi siempre viene el mirar su propio ombligo y la seguridad en el futuro. A largo plazo es otra cosa. Esperemos.
Refiriéndose a la renuncia con que se hizo la Revolución cubana y que legitimó por más de un siglo sus liderazgos, alguien habló de la “pobreza fecundante”. Tal vez de aquí a un tiempo, la mayoría de los cubanos dé mayor valor a una identidad del padecer, de la sobrevivencia en estos duros años, del “pelear bajo el mismo sol, igual que todos los demás”. Es eso o aceptar tácitamente el fracaso de un camino andado durante la última media centuria. Es eso o asumir que todos los que vivimos en Cuba somos exitosos empresarios privados, iniciamos una cooperativa, tenemos familia en el exterior, nos alcanza el salario, estamos emparentados con una burocracia que va más allá de los azarosos trámites y es un grupo que recibe determinados beneficios. Es eso o reconocer que el robo, la especulación con productos y la corrupción son “nuevas formas de lucha” de los desfavorecidos.
Así que, de aquí a unos años confío en que sea la pobreza quien fecunde nuestros líderes. Espero para entonces, que el golpe a los castizos sea demoledor y de paso, acabe con sus sueños de heredar – también – políticamente.
Mientras, los padres tenemos un compromiso: enseñar a nuestros hijos “a tragar veneno y a brindar felicidad, como todo el mundo…”. O como casi todo el mundo.
La posibilidad suprema
Fito Páez
Bienvenido a casa, el barrio esta que quema,
bienvenido pibe, eso rojo, es sangre entre tus venas,
la aventura de los huesos y la pena,
bienvenido aquí a la posibilidad suprema
la sangre, los huesos, la pena que quema.

Si la fiebre es tu columna vertebral, no temas
a luchar, no te dejes domesticar, se fiera
que estar muerto en vida, es esa la peor condena.
Bienvenido aquí a la posibilidad suprema
no temas, se fiera, suprema, condena.

Y la luz se hizo en la oscuridad,
te prometo dejarme llevar,
bienvenido a este tiempo, tendrás que pelear,
bajo el mismo sol, igual que todos los demás,
a tragar veneno y a brindar felicidad,
como todo el mundo, igual que los demás.

Y la luz se hizo en la oscuridad,
te prometo dejarme llevar,
bienvenido a este tiempo, tendrás que pelear,
bajo el mismo sol, igual que todos los demás,
a tragar veneno y a brindar felicidad,
como todo el mundo, igual que los demás.

Suprema condena, la sangre, los huesos, la pena
bienvenido aquí a la posibilidad suprema.

https://www.youtube.com/watch?v=xn0VR1xzdvA

miércoles, 21 de octubre de 2015

Las castas


Por JS
Quien hace altar de la ganancia pierde
la condición, la latitud, el puesto,
y pierde amor, pues la codicia muerde
jamás en yo y siempre allá en el resto.
Silvio Rodríguez

Hablar de castas es hablar de inmovilismo social. Y las redes sociales se tejen en las formas más diversas, entre ellas, las relaciones de pareja, las amistades. Son quizás estas últimas las mejores expresiones de esa organización de castas que ha ido asumiendo Cuba. Se puede culpar a la crisis de los noventa, reproducir ese justificativo axioma de nuestros padres y abuelos sobre la “crisis de valores”; pero el fenómeno es básicamente cultural, acumulativo y no es nuevo.
¿En qué dinámicas se reproduce esa división en castas?

El espacio físico  

Es el contacto inicial. Hay orígenes familiares, niños que desde pequeños empezaron a tejer sus redes o mejor, sus padres les cedieron sus redes de amigos e influencias. Pero el espacio físico se erige en diferenciador y en un tipo de prisión: desde las familias que coinciden en un solar, en un edificio multifamiliar; hasta los niños que corretean en casas con piscinas y en recepciones. Hasta aquí la dinámica es aplicable a todos, pero diferenciadora al mismo tiempo.
El espacio físico sigue teniendo un significativo peso en la adolescencia y la juventud. Ciertamente, se ha magnificado en los últimos años, porque se ha potenciado la estratificación social y se diversifican los lugares para las castas empoderadas. Los bares, restaurantes, conciertos, torneos de golf, vacaciones son los nuevos escenarios de reproducción de las castas.
A estas alturas, que una muchacha de por el Cotorro tuerza el camino por una chapa HK, parece un deliz de movilidad. Paradójicamente, la gente se pierde del Morro en la misma Habana, o como el título de un reciente libro, en las “muchas habanas”.

Cortapisas a la cultura

La canción de un amigo dibuja a una muchacha que memorizaba las canciones de Silvio y de allí venía un atractivo inicial, solo que después se las arregló para actuar en contra de la carga moral que implicaban. También las catas desandan esos caminos. La conversación inicial – en muchos casos – aparece plagada de referencias: tres canciones de Sabina, dos menciones a conciertos de jazz, cuatro amigos comunes de la “farándula”, unas series televisivas compartidas…
Pero estos no son temas exclusivos de la casta empoderada. La estratificación se da en el luego, cuando la confluencia debe trasladarse a otro espacio físico y entonces afloran las distancias entre El Espacio, El Corner y El Litoral  por un lado y el Malecón por otro. Aflora el estilismo etílico: la brecha entre los multicolores tragos, los vasos personalizados y la cajita de “plancha´o”.
Entonces – después de unas rondas – da lo mismo desarmarse con el reguetón al que fustigaron sin alcoholes.

Quién tira la primera piedra

Este post es también autoflagelación. Estamos sumergidos en esta dinámica, la reproducimos, incluso a nuestro pesar. No se trata de quienes se mueven por su esfuerzo. Es básicamente un ataque a la herencia, al derecho “por nacimiento” legitimado por un sistema rígido e inmóvil. Es volver a una de las demandas primitivas de los revolucionarios.

Bolero y habaneras (1986)

Tú la perdiste pero aquí se queda.
Al fin y al cabo esta con un obrero.
Conozco un caso que me da más pena:
una muchacha de por el Cotorro,
por una chapa HK, en febrero,
torció camino y se perdió del Morro.

En todo caso la sabrás presente,
latiendo aun para las nobles cosas
y no partida y con el alma inerte.
Lo que te falta te abandona menos,
sólo mudó de cuidador la rosa,
no se trocó la flor por el dinero.

Quien hace altar de la ganancia pierde
la condición, la latitud, el puesto,
y pierde amor, pues la codicia muerde
jamás en yo y siempre allá en el resto.

Por otra parte, detener amores
es pretender parar el universo.
Quien lleva amor asume sus dolores
y no lo para el sol ni su reverso.

Tú la perdiste pero aquí se queda.
Al fin y al cabo esta con un obrero.
Conozco un caso que me da más pena:
una muchacha de por el Cotorro,
por una chapa HK, en febrero,
torció camino y se perdió del Morro.

Vaya con suerte quien se cree astuto
porque ha logrado acumular objetos.
Pobre mortal que, desalmado y bruto,
perdió el amor y se perdió el respeto.

Por otra parte, detener amores
es pretender parar el universo.
Quien lleva amor asume sus dolores
y no lo para el sol ni su reverso.

En todo caso la sabrás presente,
latiendo aun para las nobles cosas
y no partida y con el alma inerte.
Lo que te falta te abandona menos,
sólo mudó de cuidador la rosa,
no se trocó la flor por el dinero.

www.youtube.com/watch?v=yQXdI6MtGU0

martes, 22 de septiembre de 2015

Las adversidades de la consecuencia



Por JS
Al que le disguste mi sincero afán
de decir la vida en mi canción,
sólo le diré que, cuando pueda,
colgaré mi voz de algún lugar común,
que, cuando pueda, dejaré mi forma de pensar…
Silvio Rodríguez (1967)

No hay condición más difícil, presionada y torpedeada para un revolucionario que la consecuencia. Porque un revolucionario apuesta, arriesga y la Historia – de la mano de los hombres – se ha empeñado en demostrar que es más fácil torcer un intento revolucionario que la reacción, porque esta última, por torcida no puede variar su rumbo. No tiene hacia donde.
La Revolución no es un lugar común, porque cuando comienza a serlo se pierde y no hay mapa para las revoluciones. En este punto, para los actores hay varias opciones. Una, renunciar y generalmente, esa renuncia se acompaña de un esfuerzo grandioso para mostrar la decepción. La palabra preferida de esta inconsecuencia es “engaño” y claro, otros cargan la responsabilidad por el engaño. Es – para aprovechar la canción – mandar la guitarra al mar, tomar otra sin historia y no guardar la voz, ¡NO!, darle otro tono.
Otra opción es servir de coro a lo torcido. Para estos, la palabra preferida es “Revolución”. Se cansaron de arriesgar y mientras más hablan menos dicen.
La consecuencia es adversa para quienes no guardan voz ni guitarra. Si ven error critican, pero no niegan. Si ven ataque luchan. Y son el cebo preferido de los inconsecuentes. Los decepcionados los piensan dulce plataforma, y les adosan ceguera. Los coristas a lo torcido los creen pedestal para legitimarse, y les anotan apoyo. Pero los revolucionarios se resisten, casi siempre en minoría y en esa defensa, una nueva adversidad a la consecuencia. Pero sigue la batalla, más tarde, mucho más tarde, se guardará la voz.


 Mientras tanto

Silvio Rodríguez

Al que le disguste mi sincero afán
de decir la vida en mi canción,
sólo le diré que, cuando pueda,
colgaré mi voz de algún lugar común,
que, cuando pueda, dejaré mi forma de pensar,
que, cuando pueda, mi guitarra irá a parar al mar.
Pero mientras tanto, pero mientras tanto
yo tengo que hablar, tengo que vivir,
tengo que decir lo que he de pensar.
Mientras tanto, pero mientras tanto
yo tengo que hablar, cantar y gritar
la vida, el amor, la guerra, el dolor.
Y más tarde
guardaré la voz.

Al que se disguste con mi proceder
de esta gran manía de soñar,
sólo le diré que, cuando pueda,
haré un gran bulto de canciones y me iré,
que, cuando pueda, seré viejo y ya no cantaré,
que, cuando pueda, mi guitarra no acariciaré.
Pero mientras tanto, ay, pero mientras tanto
yo tengo que hablar, tengo que vivir,
tengo que decir lo que he de pensar.
Mientras tanto, pero mientras tanto
yo tengo que hablar, cantar y gritar
la vida, el amor, la guerra, el dolor.
Y más tarde
guardaré la voz.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Hay grupos que dicen (o no)


Por JS
“Hay un grupo que dice
que una canción
tiene que ser muy fácil
para la razón,
que las cosas que digo sólo las sé yo”
Silvio Rodríguez
Hay grupos que dicen, otros que callan.
Hay grupos mudos que no son uniformes. Unos no tienen qué decir; otros no pueden, están demasiado inmersos en una cotidianidad de hacer, de “luchar”, de comer. Otros no quieren, prefieren encriptarse en su mutismo; su forma de decir es observar, para después gritar y acomodarse en el concierto de las voces.
Hay grupos que hablan sin parar. No dicen, repiten. Es otra forma de acomodo. Apuestan por la inmediatez, por el hoy, por desligarse de ese grupo sumergido en el hacer y capturar las lisonjas de la mesa del poder. No es un grupo confiable, pero hizo su apuesta.
Hay grupos réplica, como el anterior. No dicen, cumplen. También quemaron naves y se elevan porque besan los pies mientras se arrastran bajo otra mesa de poder, de un poder sólido a golpe de sangre y lodo; de un poder “cara pálida” que los usa y a veces, los sienta a esa mesa. Tampoco es un grupo confiable.
Hay otro grupo que dice y quiere hablar por todos. Es el grupo arquitecto. Se diseña una imagen de ruptura y compromiso. Se esfuerza demasiado en construirla y se presenta en misión mesiánica. Con esfuerzo y trabajo – hay que reconocerlo – logró articular el hacer y el tener; pero ahora quiere reproducir el tener con el pretexto del hacer.
Hay un grupo inconforme, que dice y se resiste a todos. Que respeta la libertad de los muchos grupos, pero sueña con borrar sus fronteras. A veces, se hace difícil distinguirlo. Es todavía, un grupo clandestino.

Hay un grupo que dice
Silvio Rodríguez
Hay un grupo que dice
que lo haga reír,
dice que mi canción
no es así, juvenil,
que yo no me debiera poner a cantar
porque siempre estoy triste, muy triste.
Miren que decir eso
con tantos motivos para no reírse como hay.

Hay un grupo que dice
que una canción
tiene que ser muy fácil
para la razón,
que las cosas que digo sólo las sé yo.
No han abierto los ojos, al mundo.
Miren que decir eso
con tantos motivos para no reírse como hay.

Hay un grupo que dice
que lo haga feliz,
que me vira la espalda
y se pone a reír.
Yo no puedo vivir fácilmente, sin ver
que suceden mil cosas muy tristes.
Miren que decir eso
con tantos motivos para no reírse como hay.

https://www.youtube.com/watch?v=ecAJE6mwBhs

martes, 28 de julio de 2015

A golpe de gritos nuestras batallas


Por JS

Quiero no ser juguete de voces
negras y viejas.
Quiero sentarme quieto en la noche
nueva y bella.
Silvio Rodríguez (1967)

La búsqueda es permanente, y para los cubanos – parece que hace un tiempo ya – también lo es que se acompañe del grito. Pero el grito corre en dos dimensiones: la que se amplifica por el acto mismo de un hombre (o una mujer) en el desasosiego de su búsqueda y la otra, la que se multiplica porque bajito, casi desde un susurro individual se replica en uno, dos, cien, mil hombres y mujeres.
La primera dimensión es expresión de desespero, performance, y aunque respetable, débil. La segunda, es cuando menos consenso y fuerza. Sin embargo, es esta última la que choca con barreras y obstáculos, y con el irrespetuoso llamado a “grita más, grita más, grita más”.
Así ocurre con demandas cotidianas y con otras no tanto. En un país en revolución, pesa más lo que se visibiliza, lo que remarca una “voz autorizada”, lo que publica un “medio enemigo”: el grito individual y a veces, el grito de las voces viejas.
Y así, el clamor colectivo es postergado. Porque importa más responder a los amarillistas que parodian la democracia, que desean empoderarse para subir a un yate por el Mediterráneo; que legitimar a los que cotidianamente buscan, luchan y son abofeteados desde las antípodas: por mercenarios y herederos burócratas.
Tendremos que seguir gritando, sin dejar de hacerle frente al perfomance y el circo que quieren traernos como alternativa.

Grita más*

Yo salí a buscarte
por el mundo, sin hallarte
-          desde niño te buscaba sin cesar.
Cuando preguntaba
-          en todas partes te llamaba -,
respondía todo un coro a todas voces:
“grita más, grita más, grita más”.

Yo salí a buscarte
con el miedo de encontrarte
que es común en todo niño de esa edad.
He vivido preguntando al mundo
si mi amor es infecundo,
pero entonces me responden:
“grita más, grita más, grita más”.

Quiero no ser juguete de voces
negras y viejas.
Quiero sentarme quieto en la noche
nueva y bella.

Hace tanto ya que yo salí a buscarte
con el miedo de encontrarte
que es común en todo niño de esa edad.
Cuando preguntaba
-          en todas partes te llamaba -,
respondía todo un coro a todas voces:
“grita más, grita más, grita más”.

https://www.youtube.com/watch?v=napKyjN8z0Y

*Tomado de Cancionero. Silvio Rodríguez.  Editorial Letras Cubanas, 2008.