miércoles, 17 de agosto de 2016

Los K, el “capitalismo bueno” y nosotros

Por Carlitos

En un reciente trabajo para Rebelión (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215190), el destacado intelectual argentino Claudio Katz nos revela la decepcionante historia de corrupción de los Kirchner. En un extenso material, Katz argumenta que, aunque las denuncias actuales son una maniobra para ocultar la corrupción de Macri y su camarilla, lo honesto es admitir que los gobiernos K robaron y en grande.

Katz documenta: "Lo más problemático es el enriquecimiento de la propia familia Kirchner. (…) Se estima que al cabo de 12 años el patrimonio del grupo se incrementó en 800%, con numerosas propiedades adquiridas a precios muy sospechosos."

Y concluye: "Ninguna acción contra la corrupción puede librarse sin denunciar los distintos modelos de fraude que imperan en el país. (..) No existen formas tolerables de corrupción del progresismo contrapuestas a las modalidades censurables del establishment. Es tan nocivo justificar a Cristina, como demonizarla para apañar a Mauricio."

Un amigo con el que compartí el material me comenta: lo triste de la noticia es la podredumbre del sistema, la corrupción pareciera que toca a todo el mundo. Si eso pasa en un país como Argentina, grande y con recursos, miembro del G20, lejano geográficamente de Estados Unidos, a nosotros nos tocaría el más podrido de los capitalismos.

Las historias de como la corrupción es parte de la normalidad son miles. Pareciera que en la política latinoamericana, poco se hace sin una coima o una comisión gorda para el bolsillo de la burocracia. En Brasil, más de la mitad del parlamento tiene acusaciones por casos de corrupción. En México cuentan que un político se presentó a elecciones prometiendo "no robar tanto".

Los absurdos no se reducen al mundo subdesarrollado; en España ganó las elecciones y pareciera que dirigirá el gobierno un partido con cientos de demandas de corrupción. Si no fuera suficiente todo ello, nuestra historia prerrevolucionaria es más que elocuente.

Aunque no faltan los ilusos, creo que muchos en Cuba saben del peligro de una restauración capitalista. No tendremos acceso a un "capitalismo bueno". La sociedad del bienestar es un producto "vencido" de la época de la Guerra Fría. Lo que queda de ella en el mundo desarrollado se desmonta por día y no es para nosotros. No es fatalismo geográfico, es la distribución del mundo que han establecido los poderes reales, contra los que no podemos ir aunque queramos.

La alternativa para nosotros, como decía Rosa Luxemburgo, es Socialismo o barbarie.

Por eso es tan preocupante la división entre aquellos que no quieren la restauración del capitalismo en Cuba. Pareciera que para un grupo de funcionarios y otro de trolls se ha puesto de moda arremeter contra quienes persiguen sus mismos objetivos, solo porque plantean ideas y métodos distintos. Combaten, pero no con ideas, sino con sospechas. Confunden el enemigo y le hacen el mejor regalo.

El dogma, el sectarismo y la cerrazón ideológica disminuyen la unidad y la capacidad movilizadora de las fuerzas de izquierda, generan desamparo y cansancio en la militancia, producen desgastes innecesarios. Lejos de alejar, acercan (y a paso redoblado) el regreso del capitalismo.

Creo en el socialismo y la continuidad del proyecto revolucionario. Pero no lo mereceremos si cuando debemos unir y crear, potenciar la inteligencia colectiva y los símbolos que hemos forjado, cerramos, apartamos y negamos el verdadero carácter de lo revolucionario.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Felices 90

Por Carlitos

Replico hoy el post que escribí el año pasado con motivos del 89 cumpleaños de Fidel, convencido de que conocerlo como el ser humano que es, es la mejor forma de acercarse y aprender de una de las principales figuras de nuestra historia, latinoamericana y mundial.

Felicidades Fidel!!!

En su justo lugar

Carlitos

Los medios oficiales celebran hoy el cumpleaños 89 de Fidel. Desgraciadamente, el compañero Fidel, el líder histórico, nos viene ensalsado como una estatua inmaculada, un ser de otro planeta, incapaz de cometer errores y responsable de todas las virtudes reales e imaginarias de nuestro modelo social y de todas las buenas ideas que parió el socialismo en estos cincuenta y tantos años.

Sin embargo, los medios alternativos van al otro extremo y hacen caso omiso al tema. Desde hace rato percibo que sobre Fidel nadie se arriesga a hablar y cuando se hace, se toma distancia, tratando de guardar un equilibrio que nunca es tal sobre lo bueno y lo malo que caracterizó a su personalidad.

Y temo, por esa razón, que la historia y la visión de las nuevas generaciones sea injusta con una de nuestras figuras más importantes. Dado que la historia tiene el sabor de quienes la escribieron y los que la escriben tienen muy cercana la huella reciente, es muy probable que se recuerden sus momentos de menor lucidez y se olviden otros fundadores de la historia de nuestra nación. A veces siento que, desde esta perspectiva, Fidel está pagando el precio de vivir mucho tiempo.

Fidel no es un dios, pero ello no quita reconocer lo que significó para los cubanos. Yo solo quiero resaltar cuatro cosas.

Primero, Fidel es lo más cercano que pudiéramos conocer a un revolucionario. Revolucionario, en el amplio sentido de la palabra, implica ver algo torcido y pensar que se puede volver a levantar desde 0. Se dice fácil, pero pocos se atreven. Por eso comprendió que una Revolución no podría hacerse desde los partidos tradicionales, sino desde un movimiento de masas, sin móviles e intereses políticos.

Ya en los últimos tiempos quiso hacer algo similar con la Batalla de Ideas, un proyecto que implicaba salirse de las instituciones tradicionales (gobierno y Partido) y ser dirigida por jóvenes. En este caso, otros cálculos le fallaron, pero es innegable su visión revolucionaria de las cosas, incluso para un hombre que llevaba 40 años en el poder.

Segundo, Fidel es un movilizador y un comunicador nato. Ahora, a destiempo, se ha hecho moda decir que llevamos 50 años haciendo cosas obligadas. Y es verdad que mucho daño nos ha hecho la doble moral, pero también hay muchos por ahí que lloraban con las "intervenciones del Comandante" y les queda muy bien ahora el discursito de que fui porque no me quedaba otro remedio.

Vamos a hablar claro, Fidel tenía la capacidad de convencer. Cogía una cámara y se paraba en un teatro y la gente salía convencida de que iba a cambiar el mundo, aun cuando a veces fueran directo a cometer un disparate. No voy a hablar de los que fueron a Angola, que muchos conocí que lo viven con orgullo. Yo sé de mi experiencia en la Universidad, donde vi más de 3000 estudiantes salir de un discurso de tres horas convencidos de que iban a comerse el mundo con las Brigadas Universitarias de Trabajo Social o a cientos de estudiantes esperar seis horas para verlo o tocarlo al salir del Aula Magna. Y eso no fue en los 60´s, fue en los 2000. Tiene una personalidad que imanta, impresiona, es un líder nato.

Tercero, Fidel es un estratega político de altos quilates, que logró cambiar la historia mundial y al que las principales figuras del orbe, desde papas, premios Nobel, estrellas del deporte y el cine hasta presidentes occidentales trataban a su nivel. Por eso, se le puso difícil a Nikita durante la crisis de octubre, algo a lo que no se atrevía casi ningún líder del antiguo campo socialista. Por eso, apoyó a la lucha contra el apartheid y los movimientos de izquierda en América Latina por iniciativa propia, y no "por ser parte de la estrategia socialista mundial". Y, por eso también, la historia (que se escribe en círculos) parió décadas después un cambio de época en América Latina, que abrió un mar de nuevas posibilidades para Cuba (incluido el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos).

Cuarto, Fidel es un político que se armó de una autoridad moral basada en sus nobles sentimientos y en su capacidad para estar cerca de la gente. Parece una bobería, pero desde hace mucho tiempo escasean políticos con buenos sentimientos. Lo que más caracteriza a los políticos (sobre todo a los más exitosos) es su pragmatismo, lo cual muchas veces no va acompañado de la defensa de los mejores valores.

Fidel le pidió a la gente que aguantara durante el período especial, pero se le aparecía en los campamentos de la agricultura y, cuando se armó la única revuelta seria que yo recuerdo en La Habana, pidió que no llevaran a las tropas especiales y se apareció en dos jeeps y varios escoltas en medio de la tumultera, cambiando el sentido de aquello que estaba pasando.

Fidel no es perfecto. Su fe en los imposibles le impidió ver la economía con pragmatismo y su obstinación, si bien fue lucida y útil en muchas ocasiones, nos jugó malas pasadas en otras. Nuestra historia lleva el sello también de muchos de sus errores (ese es uno de los costos de gobernar mucho tiempo), de los cuales tenemos que hablar para no cometerlos de nuevo.

Pero la preocupación por lo que no hemos podido ser, no nos puede impedir poner en su justo lugar a este fuera de serie de la historia que nos tocó vivir.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Cuentas claras…

Por Carlitos

Según publicó recientemente Cartas desde Cuba: "Fuego Enterprises, la empresa que preside Hugo Cancio y de la cual es accionista mayoritario acaba de comprar el portal Porlalivre, dedicado a anuncios clasificados en la isla. (…) Cancio es un cubano que emigró en 1980. Es dueño de varios medios de comunicación, entre ellos la revista y el sitio web OnCuba (…). Paradójicamente, Hugo Cancio tiene desde hace unos años oficinas en Cuba, ubicadas en medio del malecón habanero, por lo cual es de suponer que cuenta con el beneplácito de las autoridades nacionales."

Lo cuestionable del caso no es como hace dinero Hugo Cancio, tampoco la existencia de OnCuba, medio que ha llenado enormes lagunas de información en nuestro país. Lo cuestionable es la singularidad. ¿Por qué lo podría hacer él y otros no? ¿Puede un emigrado cubano instalar oficinas de un medio de prensa privado con el visto bueno de las autoridades cubanas? ¿A través de qué mecanismos o instituciones? ¿Cualquier otro cubano (residente o emigrado) podría hacer lo mismo?

Empoderar al pueblo, hacerle del control de los recursos de todos, empieza por la transparencia de la gestión pública. Lo interesante es que el capitalismo ha incorporado la transparencia como una cuestión esencial de las prácticas de buen gobierno. No es un gesto bondadoso del capital, sino un resultado de muchos años de lucha social dentro de ese sistema.

Publicar sistemáticamente información, estadísticas y comunicados sobre la gestión pública se ha vuelto rutina en la mayoría de los países, incluidos los menos desarrollados. Por supuesto que es posible burlar y manipular la información, pero el concepto de transparencia está internalizado. ¿No debería estarlo (y con más razones) en la práctica de un gobierno socialista?

Mientras se habla de cambio de mentalidad, las instituciones estatales funcionan con una filosofía atrasada. La confrontación ideológica no ha desaparecido, pero se desarrolla en otro teatro de operaciones, en el que ya no es posible "poner cercos" a la información. En la sociedad actual sobran detalles sobre todo lo que se hace y lo que se deja de hacer. La estrategia menos inteligente siempre es no decir o decir tarde, porque otros dirán por ti.

Cuba sigue acosada por la política injerencista norteamericana y, como tal, tiene derecho a mantener el secreto sobre sus principales "cuentas" o sobre la evaluación y preparación de decisiones de política sensibles. Pero hay una distancia enorme entre defender secretos "soberanos" y no informar sobre los funcionarios o empresarios extranjeros que son sancionados por corrupción, sobre la forma en que se licitan nuevos negocios privados, extranjeros o mixtos, sobre por qué se nombra o se destituye a un ministro, sobre todo aquello que permita a un pueblo instruido sacar sus propias cuentas sobre la gestión pública.

Para evitar abusos en la sociedad es esencial brindar la mayor y más clara información sobre lo que hace el gobierno, así como lo que pueden hacer y lo que no las empresas estatales, las privadas, las extranjeras y los ciudadanos comunes. En una economía que da mayor espacio al sector privado, es esa una de las primeras garantías para evitar la proliferación de opacos monopolios y oligopolios contrarios a los intereses sociales.

Una mayor transparencia no cuesta nada material, financiera y políticamente. El argumento de que se le dan armas al enemigo ya está suficientemente gastado. Al enemigo le hemos regalado un arsenal con todas las verdades a voces que se mantienen en secreto. Una mayor transparencia es ganancia neta para el pueblo, para el gobierno y para el proyecto socialista.

Dicen que cuentas claras…

miércoles, 20 de julio de 2016

Mercado: sí, pero no

Por Carlitos

Entre los precios del agro, los almendrones y la conceptualización del modelo, la discusión sobre la necesidad del mercado y cómo regularlo ha ganado fuerza en los últimos meses. Sin embargo, se asiste al debate con mucho desconocimiento sobre el tema.

Es muy frecuente ver como se confunde mercado y capitalismo. El mercado surgió mucho antes y acompañó al desarrollo de la humanidad desde las primeras formaciones sociales. Ha habido un largo debate teórico sobre la existencia del mercado en las experiencias de construcción socialista, pero en la actualidad nadie lo discute.

En la economía tiene que haber relaciones de compra y venta (de mercado), porque el intercambio es necesario para su funcionamiento. En el sector estatal también hay relaciones de mercado, que deben dotarse de un nuevo contenido en el socialismo (no explotador).

Por eso, no toda defensa del mercado es neoliberal. El neoliberalismo promueve un nivel de desregulación que permite a unos pocos monopolios concentrar mucho poder. En realidad, contrario a lo que se cree, la ideología neoliberal es la mayor enemiga de los mercados.

Lo que la gente suele atacar, aunque a veces sin saber, es la propiedad privada. Es esta (y no el mercado en sí) la que permite que algunos sentados en su casa ganen dinero sin trabajar. El ejemplo de los dueños de los almendrones, que ganan entre 500 y 1000 pesos diarios sin pisar el acelerador es muy elocuente.

Lo contradictorio es que tanto en los Lineamientos como en la conceptualización, como en el debate alrededor de estos documentos, ha sido generalizado el criterio de que se aceptan distintas formas de propiedad, incluida la privada. ¿Por qué?

La razón es que Cuba necesita crecer económicamente de forma rápida. La propiedad privada genera explotación del trabajo y concentración de la riqueza (más allá de que lo queramos o no) pero también incentivos que estimulan la producción y el empleo en el corto plazo, especialmente en ramas de pequenos negocios.

El reto a largo plazo, si de construcción socialista queremos seguir hablando, es que la empresa estatal, las cooperativas y otras fórmulas de gestión no basadas en la explotación del trabajo se consoliden y logren ser más eficientes que la privada. Mientras así no sea, la propiedad privada tendrá un espacio y presionará por más, por muy dolorosos que sean sus costos.

Otra cuestión clave es cómo regular el mercado. Fijar precios es la medida más fácil de entender por la población. Sin embargo, es necesario que los precios oscilen en base a la oferta y la demanda (incluso dentro del sector estatal), porque son las relaciones de mercado las que permiten determinar el valor real de cada bien o servicio que se produce en la economía.

Además, ¿cómo se asegura que los privados cumplan estas regulaciones cuando hay otras causas que influyen en el nivel de precios? A lo mejor es posible en una ofensiva. Y, ¿después?

La regulación de los mercados implica un conjunto amplio de políticas que busca atacar las causas reales que influyen en la estabilidad de los precios: cantidad de dinero en la economía, niveles de producción, cuellos de botella en las cadenas de distribución, forma en que se cobran los impuestos, requerimientos para obtener una licencia, existencia de mercados mayoristas de calidad, regulaciones que promuevan la competencia de iguales y eviten la formación de monopolios, sencillez, claridad y aplicabilidad de las leyes, entre muchos otros elementos.

Teniendo esta batería de opciones para atacar las causas del problema, en la experiencia internacional la fijación de precios se suele usar por poco tiempo, para mercados específicos y como último recurso. Cuando un mercado funciona mal, generalmente es consecuencia de como se regula, y no de la actitud de sus participantes.

Es muy fácil y hasta "popular" arremeter contra el mercado, pero si queremos un debate público serio es importante indagar bien en "las causas de las cosas". No vaya a ser que buscando el remedio terminemos por agravar la enfermedad.

miércoles, 13 de julio de 2016

Buenas noticias

Por Carlitos

En los últimos días una sincera alocución de una joven en el Pleno Nacional de la UPEC y una carta de protesta del Comité de Base de la UJC del periódico Vanguardia han recorrido la red. La principal virtud de ambas es el compromiso, una palabra bien gastada pero que mucho escasea en el mundo de hoy.

Por suerte, son puntos de ebullición en una marea que nunca ha dejado de arder. Oiga las letras de los jóvenes creadores, hurgue en las indagaciones de los guiones de teatro y las jóvenes realizaciones de "la muestra", converse con los verdaderos periodistas que hay detrás de los medios, lea los blogs de muchos jóvenes, dentro y fuera del sector estatal, dentro y fuera de Cuba y tendrá motivos para tener optimismo.

Debiera ser una muy buena noticia para todos que Cuba tenga una juventud comprometida con su futuro. Debiera ser una mejor noticia que también tenga compromiso con su pasado, con los ideales de una Revolución que imantó corazones en todo el mundo.

Lo que pasa es que compromiso con el pasado no es necesaria o únicamente compromiso con los incuestionables logros sociales, culturales y de política internacional de la Revolución. No debiera entenderse como compromiso con lo que pasó, sino con la tradición y los valores que permitieron esos logros.

Una juventud que cuestiona, que muestra dolor por la desigualdad que crece, que detesta la chapucería, que reclama más participación, que no quiere creer porque ya sabe leer, que tiene buenos sentimientos (así de simple), que es capaz de fundar una familia, hacer amigos, dar amor y dolerse por el otro, es la mejor herencia de un pasado del que todo cubano debe sentirse orgulloso.

Ese capital, una juventud comprometida con su futuro y con su pasado (con todo su pasado) es invaluable. Es lo que explica que en medio de tantos espejismos, tanto canal 41, tanta política y tanto dinero para la subversión, todavía haya quienes quieran quedarse en la redacción de un periódico provincial, en una oficina de la administración central del Estado o llevando un pequeño emprendimiento privado (aquí y no allá).

Es algo que tiene Cuba y que no tuvieron las experiencias de construcción socialista anteriores. Aunque no nos hayamos quitado del todo cierta herencia estalinista, en Cuba se cultivó una cultura por el ejercicio de pensar y por la participación que no debiéramos olvidar.

Es cierto, estos jóvenes no son todos los que quisiéramos. Pero las vanguardias nunca han sido mayoría; su virtud ha estado en su capacidad para representar y movilizar en nombre de ellas.

El peligroso panorama de hoy es que esa vanguardia se encuentra dispersa y desorientada. En no pocas instituciones y espacios es vista con sospecha y en ocasiones como enemiga. Se prefiere la obediencia, el respeto irrestricto a las jerarquías, la falta de cuestionamiento, la asimilación acrítica de las políticas, la capacidad para reafirmar argumentos vacíos, atributos que niegan cualquier virtud de un revolucionario.

¿Cómo puede nuclearse una vanguardia que es negada por las instituciones del proyecto que defiende? ¿Cuáles son las brújulas y cuales los asideros en esta circunstancia?

En ninguna época histórica los jóvenes pidieron permiso para defender sus ideales. El reto de los revolucionarios cubanos es defender las ideas en que se cree sin romper con las instituciones que representan ese proyecto. Le toca un rol clave a esas instituciones.

Hay que empoderar a las verdaderas vanguardias, a las verdaderas herencias del proyecto de la Revolución. Pero poniendo el oído a los reclamos de los jóvenes no se les está asignando ningún protagonismo. Hay que abrir paso y dejarles ser, hacer, equivocarse y levantarse como mismo hicieron los fundadores, ahora con la suerte de tenerlos cerca.

Siempre habrá quienes aplaudirán todos los discursos, asentirán con la cabeza, harán mucho más cómodo el ejercicio de gobernar, pero serán el seguro pantano en el que tristemente se hundiría, como en otras experiencias y apenas sin percibirlo, el proyecto por el que aún muchos cubanos perdemos el sueño.

jueves, 30 de junio de 2016

Nos vamos a quedar dados*

Intervención de Karina Marrón el VI Pleno Nacional de la UPEC

En un encuentro que hicimos en el Instituto de Periodismo con jóvenes de todas partes del país, si una cosa nos alegró fue identificar a otros jóvenes dentro del sector de la prensa que también tenían la intención de transformar, de cambiar, que tenían las ganas de unir esfuerzos por transformar la realidad y en esa reunión se dijo que hay una intención marcada de enemistar al Partido con la prensa y nosotros no podemos estar ajenos de ello. Pero mientras el Partido y la prensa sigamos mirando para un lado y no para donde tenemos los problemas reales, sigamos viendo las cosas por separado y no como un todo, no vamos a resolver jamás los problemas que llevamos años discutiendo.

Y será Karina entonces la Rosa Miriam quizás de esa época, hablando lo mismo y habrá otras personas como Sergio, diciendo las cosas que viene diciendo Raúl Garcés durante tantos años y otros que tienen más edad que yo entonces serán los que hablarán, y seguiremos repitiendo el ciclo, si con suerte llegamos a repetir el ciclo, y lo que está pasando señores, es que no tenemos tiempo para repetir el ciclo.

Yo, sinceramente creo que nosotros lo que tenemos que ver cuando los jóvenes se nos van de los medios, es que tenemos en los jóvenes la expresión de la sociedad que tenemos hoy, y es lo que decía Iramis: no podemos ver el asunto como un problema puramente económico, hay un problema profesional de fondo, porque esos jóvenes que eligieron la carrera de periodismo, no eligieron hacer propaganda, publicidad, no eligieron sencillamente quedarse callados y al margen porque si no hubieran escogido otra profesión. Pero también tenemos muchos jóvenes en las aulas que cuando se gradúan salen tan desencantados que llegan a los medios , no sé ni con qué intención, porque a veces uno les da la oportunidad de hacer cosas, de transformar, de trabajar, y no les interesa, no les importa absolutamente nada. ¿Por qué? Porque es de esa misma generación de jóvenes desconectados a los cuales sencillamente no les llegamos en otras etapas de su vida y ahora no podemos pretender que no les interese la ropa, los tacones, los zapatos, cómo acceder a internet o tener 50 o 70 CUC, no para mantener su casa como sí sabemos que hay algunos en nuestros medios que colaboran con tal de poder pagar un alquiler.

Son jóvenes que lo hacen para mantener ciertos y determinados estándares de vida y que en el fondo usted puede ver que no está mal, pero ahí entra lo que decía Darío Machado y es ese espíritu de consumo que hemos establecido en nuestra sociedad, que es parte también de todas estas carencias materiales que hemos acumulado durante años.

Entonces yo lo que creo es que nosotros no podemos ver única y exclusivamente la cosa como que la UPEC tiene que esforzarse porque los jóvenes se sientan atraídos por la organización, porque al final, si la UPEC no tiene ningún poder de decisión, si la UPEC no tiene ninguna fuerza, si se desgasta hablando los mismos problemas de congreso en congreso; entonces para qué yo quiero pertenecer a esa organización, para qué me interesa, para qué me importa, qué estoy cambiando, qué estoy transformando.

Al final lo único que uno tiene en la vida es su tiempo, lo que uno está poniendo en el frente de batalla es su vida, sus años, su dedicación y su sacrificio, y eso se hace por un ideal, se hace por amor, pero hay quien sencillamente decide que no está dispuesto a hacerlo porque no confía en ese futuro, porque no ve que haya posibilidades de cambiarlo y lo triste es que en ese bando de los que hoy están colaborando fuera hay jóvenes que apuestan por eso por diferentes razones: porque creen que ahí van a tener su realización profesional, y nos duele que no la vean del lado nuestro o que no intenten cambiar las cosas del lado nuestro; o lo hacen por las motivaciones económicas que ya hablamos. Pero no es nunca un único motivo, y eso es lo que nosotros no podemos perder de vista, e insisto, si seguimos mirando para el lado no vamos a ver nunca la pedrada que nos va a dar en el justo lugar donde nos van a matar.

Respuestas no tengo. En Granma [periódico] hay un grupo de jóvenes que estamos haciendo lo posible por seguir remando, no sabemos si vamos a llegar realmente a puerto seguro en un momento determinado, pero hay jóvenes que quieren seguir echando a navegar el yate y yo estoy convencida, porque los conozco a muchos de ellos, que hay muchos en varios lugares del país que también están haciendo lo mismo.

Entonces, yo los invito a todos a unir fuerzas para eso. Pero sobre todo, a que quienes deciden no den dobles discursos; a que quienes deciden, cuando se enfrenten a este escenario de gente que sabe lo que se vive cada día en las redacciones, en la radio, en la televisión, en el más mínimo lugar de este país donde hay un periodista intentando defender esta sociedad que somos todos, esa gente que quizás no tiene esa cultura excelsa para entender todos los escenarios de fenómenos pero hay un periodista que sencillamente sabe que defendiendo esa institucionalidad de la que hablaba Garcés, está defendiendo esta Revolución y puede quizás transformar la mente de alguien.
Eso nosotros tenemos que cuidarlo, tenemos que defenderlo y a esa gente nosotros no podemos irrespetarla, hablándole de cosas de las que uno sabe que no ocurren de esa manera y prometiéndole cosas que después no se van a cumplir.

Entonces, yo creo que este es un debate que no podemos seguir teniendo entre nosotros mismos y mirándonos las caras y diciéndonos lo mismo unos a los otros y engañándonos una y otra vez porque no hay tiempo.

Se está armando una tormenta tan perfecta y lo discutíamos ayer en la redacción, este fenómeno de la reducción del combustible, de la reducción de la energía. Señores, este país no aguanta otro 93´, otro 94´. Si no queremos ver protestas en la calle, y no hay un Fidel para salir al Malecón, o por lo menos hasta ahora no ha habido una figura en este país que le dé la cara a este pueblo para explicarle las cosas como están sucediendo hoy. Esta situación va a ser muy difícil de enfrentar, y con la situación en la que tenemos hoy a la prensa nos vamos a quedar dados.
Ya Ravsberg[1] ayer estaba hablando de estas reducciones de combustible, como nos pasa muchas veces que hay quien sencillamente hace proyectos y cosas, acepta dinero y lo hace a veces queriendo mirar para otro lado.

Yo llamo la atención sobre esto porque estamos en una circunstancia en que el 2018 está a las puertas y todo se está apostando por esa fecha, y todo se está haciendo para que esa tormenta llegue allí en las peores circunstancias para este país. Entonces no es un momento para dudar, no es un momento para titubear, no es un momento para prestarles nuestras fuerzas, nuestras ideas a algo que no funciona y por eso muchas veces nuestros jóvenes se van, y por eso muchas veces nuestros jóvenes no están en las redacciones aun cuando haya gente que todavía sigue confiando y sigue tratando de hacer el periodismo de todos los días.

*Versión original en http://verdadecuba.blogspot.com/2016/06/intervencion-de-karina-marron-el-vi.html.

 



[1] Fernando Ravsberg, periodista uruguayo radicado en Cuba, ex corresponsal de BBC Mundo en La Habana. Administrador del blog cartasdesdecuba.com.

 

miércoles, 29 de junio de 2016

Dime con quién andas…

Por Carlitos

¿Con que fuerza técnica contamos para asumir los enormes desafíos que tenemos como país?

Cuba tiene un potencial de profesionales muy calificados en diversas esferas, pero los bajos salarios en el sector estatal han incidido en la migración de muchos de los mejores hacia el exterior o el sector privado por más de 20 años.

Aún quedan profesionales muy valiosos, pero son cada vez menos y "quedarse" supone un gran sacrificio. Para poder mantener su trabajo han tenido que depender del sustento de un familiar, aspirar a condiciones de vida muy modestas para sí y para los suyos y/o o apelar a fuentes alternativas de ingresos, en muchos casos ilegales.

Para colmo, el hecho de ser minoría hace que con frecuencia los profesionales más calificados no se valoren y aprovechen en sus centros de trabajo, o que sean vistos como incómodos. Mientras, la "escasez de calidad" permite promover falsos liderazgos intelectuales y se "elevan a la categoría de expertos o asesores" personas que no acumulan las competencias mínimas para ello.

El proyecto cubano ha sido en gran parte un exitoso proyecto de resistencia, en el que prima la lógica de "echar para adelante con los que tenemos". Pero el Congreso del Partido ha lanzado a debate un plan de desarrollo de largo plazo para el que no valen las reglas de la resistencia.

Un propósito de tal magnitud (hacer próspera y sostenible nuestra experiencia de construcción socialista) no se afronta con "los que quedan". Hay que salir a buscar los mejores, donde quiera que estén y ofrecerles condiciones, garantías e incentivos (materiales y morales) para que quieran compartir el enorme privilegio de "la tarea".

Hace falta fuerza técnica muy capacitada para diseñar, monitorear e implementar las complejas transformaciones que tendrán lugar en nuestra manera de conducir la economía y nuestras formas de hacer política. En una economía que crece poco, no es posible incrementar los salarios a todo el sector estatal de una vez, pero sí es posible establecer prioridades.

¿Cuáles son los puestos clave en la producción de contenidos políticos, en el análisis técnico de la economía, en los medios de comunicación, en los centros de pensamiento estratégicos? Creo que no será difícil explicar a nadie que merecen procesos rigurosos de selección, tener mejores salarios (primero) y una atención personalizada.

Y dicha selección debe institucionalizarse a través de mecanismos transparentes que garanticen que los privilegios que la sociedad les tributa sean compensados con los frutos de su esfuerzo. Debemos conocer quiénes son estas personas, qué requisitos o exámenes pasaron para merecer sus puestos, como viven, como piensan, que piensan de como pensamos, que les pasa si se equivocan.

Si la guerra es a pensamiento, ¿acaso no es esencial apostar por nuestros "tanques pensantes"?